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Pedro Sorela

geografias

Motín de blancos en el río Li

Por: Pedro Sorela Sábado 31 Diciembre 1994. En Viaje, Cuentos

En: Cuentos Invisibles. Alfaguara 2003

El italiano ha dicho que no paga.

- "No", ha dicho con la mano, como segando una cabeza.

La china, que parece la mujer del chofer, ha mirado sin saber en qué se había equivocado. Pero diligentes como son, prácticos, se ha girado hacia el francés: cuando el francés le pague, quizá el italiano tome ejemplo. Quizá comprenda.

- "No", dice sin embargo el francés. Y al gesto de la china mostrando 5 con todos los dedos extendidos sin equívoco posible, él responde con tres dedos.

Esta vez no hay equivocación posible: 5, ha mostrado la china; 3, ha respondido el francés, mirándola a los ojos y tras haber esperado a que la china recogiera sus dedos. No, dice además el francés con la cabeza, y aunque en China las cosas se dicen distinto -todas las cosas, hasta o no-, la china ya sabe lo suficiente de los blancos como para reconocer un no.

La filipina de Upper Prince Albert y otros cuentos chinos

Por: Pedro Sorela Martes 20 Julio 1993. En Viaje, Cuentos

En: Cuentos invisibles. Alfaguara 2003

*Había una señora en Hong Kong, en la época en que yo estuve, que invitaba a su casa a amigos occidentales para que viajaran por China y luego se la contaran.

 

* Se puso de moda un juego (entre los ricos), que consistía en reconocer el aeropuerto cualquiera del mundo en el que habían sido previamente soltados. Al principio había que reconocerlo con precisión: el país, la ciudad… Luego el juego se fue haciendo tan difícil que bastaba con decir el continente en que se encontraba.


* ... y manos. Ah! las manos de Rebeca. Delgadas, frías, según noté cuando le di la mía, hechas para tocar el laúd (como mínimo).

Con Rebeca (Zhiling en chino) aprendí a comer con palillos. Ella los manejaba tan bien y con tanta delicadeza que nada más verla quise ser palillo y llevarle cosas y besos a los labios, incluso corriendo el riesgo de un mordisco. Por otra parte… qué delicia ser mordido por los dientes de Rebeca…

También quería ser cacharrito chino. Comíamos unos cacharritos chinos, con arroz blanco, en un restaurante vegetariano de la zona de Wan Chai. Una verdadera exquisitez. Te volvías vegetariano.

Y cómo hablaba: Rebeca dejaba de comer arroz con el bol pegado a la boca (los chinos empujan el arroz, los japoneses eligen los granitos uno a uno), y hablaba un correctísimo inglés con un suave acento chino. Cantonés. Un poco nasal y con esas vocales medias, a caballo entre la a y la e que parecen casi canto. Un idioma increíble y cada vez más idioma. Quiero decir que cuanto más lo oigo más me parece que con ese idioma se puede decir mucho.

Zhiling decía mucho. Suavemente, con los ojos semiocultos como al fondo de una habitación en semi penumbra, con la boca de labios ligeramente gruesos y que era inevitable imaginar desnudos, con la nariz delgada pero viva, con las manos… Zhiling decía…

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