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Pedro Sorela

57 pasos por la acera de sombra

Experimental. Autor: Pedro Sorela Editorial Prames, Zaragoza, 1998. Páginas: 239. Portada: Marisol Calés ISBN: 84-95116-03-0. 

57 pasos por la acera de sombra

Años de periodismo y de clases en la universidad me condujeron a la idea, que no he hecho más que reafirmar, de que o el periodismo renueva su escritura y su lenguaje, o se muere.

Siempre pensé que un buen periódico debía de tener al menos una esquina en la que se experimentara con vistas a esa renovación, y así se lo dije, hacia mil novecientos ochenta y pico, a Álex Grijelmo, entonces redactor jefe de Local en El País y ya entonces teórico reconocido del "estilo de los periodistas". Discuto con Álex sobre cuestiones de estilo desde nuestros primeros días en la profesión, y creo que es el mejor periodista que conozco.

Con la rapidez que le caracteriza, Álex me pidió una muestra y tan pronto las escribí, publicó seis, con estupendos dibujos de Raúl, también portadista de mis primeros libros. (Que fuesen dibujos y no fotos no fue una elección baladí). El resultado fue una bronca para Álex por parte de la dirección, poco dada, como todas las direcciones, a que se tomaran sin consultar iniciativas tan trascendentes. Y esta sin duda lo era, con independencia de los resultados.

Aún así, se terminó por aceptar la iniciativa... pero domesticándola y reduciéndola a columna semanal, junto con otras seis a lo largo de la semana, en el más homologable género de opinión.

En la mía, los sábados, yo procuré, con la sutil comprensión de la dibujante Soledad Calés y la complicidad editorial de Rafael Fraguas, mantener la intención inicial de experimentar en busca de algo distinto. La única filosofía general era el odio al clisé en su misma casa, que es el periodismo, y la renovación, o su intento, del lenguaje periodístico.

He de decir que lo disfruté mucho. Pasados los años tengo la intuición, más que la certeza, de que mis intentos no fueron siempre comprendidos (otras veces sí). Pero nadie me dijo nunca nada, al menos de forma directa. En cualquier caso, al cabo de cuatro años y cerca de doscientas entregas, abandoné la columna y el periodismo, aterrorizado ante la amenaza de repetirme, el destino que -está escrito- le espera a los columnistas.

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