Años de periodismo y de clases en la universidad me condujeron a la idea, que no he hecho más que reafirmar, de que o el periodismo renueva su escritura y su lenguaje, o se muere.
Siempre pensé que un buen periódico debía de tener al menos una esquina en la que se experimentara con vistas a esa renovación, y así se lo dije, hacia mil novecientos ochenta y pico, a Álex Grijelmo, entonces redactor jefe de Local en El País y ya entonces teórico reconocido del "estilo de los periodistas". Discuto con Álex sobre cuestiones de estilo desde nuestros primeros días en la profesión, y creo que es el mejor periodista que conozco.
Con la rapidez que le caracteriza, Álex me pidió una muestra y tan pronto las escribí, publicó seis, con estupendos dibujos de Raúl, también portadista de mis primeros libros. (Que fuesen dibujos y no fotos no fue una elección baladí). El resultado fue una bronca para Álex por parte de la dirección, poco dada, como todas las direcciones, a que se tomaran sin consultar iniciativas tan trascendentes. Y esta sin duda lo era, con independencia de los resultados.