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Pedro Sorela

Dibujando la tormenta

Ensayo. Autor: Pedro Sorela Alianza Editorial, 2006. Páginas: 472. Portada: Ángel Uriarte. ISBN: 978-84-206-4559-9. 

Faulkner, Borges, Stendhal, Shakespeare, Saint-Exupéry. Inventores de la escritura moderna

Prólogo

Este libro debería pedir perdón por romper con algunas de las reglas del juego –la académica, la de la industria nacionalista, la de la correción política y otras-, pero no lo va a hacer pues, como se intenta contar, si de algo han sido víctimas los por otra parte irreductibles autores de los que aquí se habla es justo de esas etiquetas.

Su selección no responde más que al gusto personal de su autor y al único criterio de que el placer de su lectura no defrauda y por el contrario aumenta, a la par que sus enseñanzas decisivas sobre la escritura de nuestro tiempo. Y ello además de la progresiva certeza de que estas enseñanzas no serían posibles sin el conocimiento de las vidas de los autores, incluso en el caso del misterioso Shakespeare, que debemos adivinar entre líneas y legajos. Lo que sin duda discute el vasto malentendido según el cual la literatura es un asfixiante sistema ordenado en función de los más variopintos, no siempre convicentes y en ocasiones bromistas criterios, desde la patria hasta el sexo, o de que la literatura es sólo texto. Más aún, texto cuya principal razón para existir es la de ser interpretados y la interpretación es lo que importa. Como decía Borges, las “universidades crédulas” no hablan de literatura sino de historia de la literatura. A Faulkner, a su vez, no le extrañaba nada que pudiesen hacer los académicos. 

El otro García Márquez. Los años difíciles

Ensayo. Autor: Pedro Sorela Editorial Mondadori, 1988. Páginas: 304. ISBN:XXX Otras ediciones: La Oveja Negra, Bogotá, 1989

Elegí la juventud y el periodismo de García Márquez como tesis doctoral con la idea de que eso me permitiría desentrañar sus trucos de mago. Como a toda mi generación, me tenían secuestrado.

Creo que así lo conseguí pero sobre todo esa lectura pormenorizada de textos semi enterrados me permitió comprender y aceptar un poco más a Colombia, en uno de mis periódicos acercamientos a los que siguen decepciones y alejamientos.

Fue también mi primera versión en serio de la Colombia real, la situada fuera de los barrios residenciales en los que, como en un gueto, había vivido siempre cuando estaba en el país: también real, pero sin duda algo limitada. Y fue una lección de política y lucidez sobre los orígenes de la Colombia de este tiempo.

Yo vivía un mal periodo, víctima de una de las peores condenas: era esclavo en un trabajo que odiaba. Y la tesis, que escribía de día pues mi turno de galeote en una agencia de noticias empezaba a las seis y terminaba a medianoche, me servía de paliativo. Shakespeare lo dice en algún sitio: en tiempos de tristeza, acude al estudio.

Lo otro era ver a mi hija, Inés, que mientras escribí la tesis pasó de ser un bebé inmóvil, sobre la cama frente a mi despacho, a gatear sobre ella y luego hacerme signos y guiños amistosos desde su corral. De ahí sale, supongo, la alegría y entusiasmo de la tesis, y una de sus aportaciones: subrayar la importancia del sentido del humor, el mamagallismo, y de la música y el baile, en la obra del escritor.