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Pedro Sorela

Ladrón de árboles

Cuentos. Autor: Pedro Sorela Ediciones del Bronce, 1998. Páginas: 127. Colección Hispánica. Portada: Nicole Muchnik. ISBN: 84-89854-19-X. Otras ediciones: Ediciones Corunda, México, 1991 

Ladrón de árboles

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Aquí, en los dos cuentos de Budapest, comenzó una ruta a la que no le veré el fin.

Es necesario aclarar que en los viajes me doblo, estoy más despierto y se me afila, más, el impulso de escribir. Pero nunca llevé de viaje a mis novelas, demasiado pesadas, y siempre tomé las frecuentes notas del viajero, que llegaron a su término al comienzo de una estancia de quince días en Budapest, un otoño en los años ochenta: ya no era capaz de seguir con ellas. Tomar notas de lo que había visto ya no me satisfacía ni aunque reflexionase sobre ello -¿cuántas ideas del viajero son originales?-, o lo dibujara. Quería otra cosa.

O sea que, en un primer experimento, escribí una historia inventada... pero sobre los escenarios que iba recorriendo día a día: una suerte de ejercicio de estilo.

El primer resultado, Dos historias rebeldes, sobre alguien que busca a un amigo en el Budapest de la Transición -en todo Budapest se oían martillos tras la caída del Comunismo- es con toda probabilidad, por abstruso, el peor cuento que he escrito. Y aunque me entusiasmó, por eso mismo se cae en la nueva edición digital que se publica en esta página. Mi entusiasmo era del tipo del que puede sentir un químico frente a un microscopio o a un astrónomo mirando la noche con una lupa. Sentí que ahí había algo.

O sea que ahí mismo escribí -y dibujé- otro cuento con el mismo procedimiento, Ladrón de árboles, y a partir de entonces no usé en los viajes otra pluma que no fuera esa. No textos que fotografían la realidad sino cuentos que la recrean... para comprenderla y contarla mejor. La intuición de que no existe tal cosa como un paisaje objetivo, o más bien que su relato carece de interés, como una postal, y sólo una interpretación puede aportar una versión fiable.

A partir de entonces en mis viajes fui tomando cada vez menos fotos -nunca tomé muchas, de todas formas, y casi nunca de monumentos-, y dibujando más. 

El manuscrito del libro obtuvo el consabido -y misterioso- ninguneo editorial español hacia el cuento, pero fue publicado con entusiasmo por la escritora y editora Silvia Molina, en México, gracias a mi amigo Juan Villoro, que habló en mi favor. La extensa conversación con Silvia en Madrid fue de literatura, no de cláusulas de contrato, y nunca un libro tan breve fue lanzado con tanta cómplice amistad, con los amigos de Juan y de Silvia, y también de Héctor Perea, y esa calidez es la que me hace volver a México de cuando en cuando porque allí también me siento en casa. Luego Miriam Tey lo publicó con primor en España y aceptó que una propuesta que le hice no era tan descabellada como las que suelen hacer los escritores a los editores en cuestiones de edición: unos días antes, en el medio de una fiesta en la casa de mis amigos Mario y Nicole Muchnik -sin duda uno de los salones más estimulantes de Madrid, donde han nacido no pocos proyectos artísticos y literarios-, Nicole me dijo, no sin misterio: "Ven, que te quiero enseñar algo". Y en efecto me llevó a una habitación por allá atrás y me mostró el primero de la felicísima (y meditabunda) serie de cuadros que lleva pintando en los últimos veinte años. "¡Pero si es mi ladrón!", exclamé, y Nicole lo cedió con esplendidez, y Miriam lo aceptó con todo gusto para la portada. Y ahora el cuadro cuelga en el comedor de amigos de mi casa.

 
 

La crítica...

“Una escritura sugerente y desde luego llena de vida”

Daniel Sada, Comala, México

"Un sonido planetario"

Jordi Soler, Excelsior, México

"Quien lee la primera frase de un relato de Pedro Sorela ya no puede parar nunca"

Enrique Baltanás, Renacimiento

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