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Pedro Sorela

Los malos en matemáticas son invisibles

Miércoles 29 Octubre 2014. En Blog, Obra, Novela

Fernando Vicente
"Había perdido para siempre la lógica de los números".

Mis profesores, en el colegio, se dividían en dos bandos: los que se preguntaban cómo había podido fracasar el sistema hasta el punto de permitirme llegar hasta ese curso, y los que salían en mi defensa y señalaban que, por el contrario, yo tenía cierto talento en la interpretación de las metáforas de Víctor Hugo o Chateaubriand, o el humor de Molière y de Ionesco. Estos eran los profesores de Letras. Los primeros, los de álgebra, geometría, física y química, aunque esta última era lo bastante literaria -a fin de cuentas sus fórmulas tenían letras- como para permitirme aprobarla de vez en cuando.

     Hay que tener en cuenta, por si no hubiese quedado claro con la mención de lo que estudiábamos, que yo vengo de un tiempo tan remoto que no había especialización en el bachillerato y había que estudiar tanto letras como matemáticas -ahora lo agradezco, por increíble que me parezca a mí también-, y buena parte de mis profesores no habrían superado los exámenes de la moderna Inquisición Pedagógica: ni el profesor impaciente que nos arrojaba tizas para hacernos callar, con una puntería que le envidiábamos, ni la profesora a la que llamábamos El Moco y que en cierta ocasión le dijo a Moreno (seudónimo): "Moreno, si los gilipollas volasen, usted sería jefe de escuadrilla".

    Pese a que nos ponía notas algebraicas (-3, -4,5 y por lo tanto el cero ya era una conquista), tengo un gran recuerdo de El Moco, y no sólo porque a mí me fuese envidiablemente bien con ella: aprobado justo en medio de verdaderas orgías de notas algebraicas (y eso también sería hoy imposible). Vestida siempre de rojo y negro en homenaje a Stendhal, admiración que me transmitió, aunque muchos años después, la razón más probable de su tolerancia conmigo es que mi apellido tenía tan sólo una letra más que el Julien Sorel, el héroe de El rojo y el negro, y quién sabe si no éramos incluso parientes. Intuyo que era una izquierdista intransigente (en aquel tiempo, en ese colegio los profesores respetaban las cabezas indefensas de los alumnos y no se abrían las gabardinas para exhibir sus ideas políticas) pero nadie como ella me enseñó nunca tanto sobre las sutilezas de la poesía galante ni me inculcó tanto respeto por los clásicos. O mejor aún, por lo que merece serlo. Y sin duda me enseñó más literatura que la que me iban a enseñar luego en la universidad, con grupos, generaciones y fechas de edición, trucos todos inventados por los profesores para no cansarse.

     Salvo de alguno, buen profesor por un azar improbable, me temo que no guardo un buen recuerdo de los demás profesores de matemáticas. Porque eran malos. Es cierto que por culpa de los viajes de mi familia yo me había saltado dos cursos, perdiendo ritmo para siempre en la lógica de los números, pero creo que jamás se plantearon ningún problema que no fueran los muy misteriosos que resolvían en la pizarra los buenos de la clase en matemáticas, y desde luego jamás supieron lo que era la pedagogía. Como por ejemplo K., que el primer día de clase deambuló por entre los pupitres pasándonos revista con la narizota roja de un sargento alcohólico, y al llegar a mi sitio, en la esquina más remota del aula, se me quedó mirando con adelantada fruición y me dijo con impecable lógica matemática: "Estás sentado en el puesto que el año pasado ocupaba Fernando Vega. Fernando Vega era un gamberro, y por lo tanto tú eres un gamberro". Nunca la lógica matemática me había parecido lo irrefutable que dicen que es, pero ese día confirmé mis prejuicios.

     Los malos en matemáticas son invisibles, que acaba de salir en Alfaguara Juvenil, trata de todo ello. Leyéndolo despacio y en frío, sí tengo la impresión de estar poniendo ciertas cosas en su sitio, pero no  creo que sea una venganza pues hace demasiado tiempo y mi memoria sonríe, pese a todo. A veces pienso que esos fueron los mejores años de mi vida.

El sol como disfraz

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2012. Páginas: 360. Portada: Pedro Sorela. ISBN: 9788420412771

«Uno de los enigmas del periodismo es que los periódicos salgan cada día sin rastro de tanta sangre y traición dentro de ellos: sólo reflejan las guerras de afuera y, en contra de lo que se cree, tampoco demasiado.»

Pisotones, fotos y portadas que buscan retener en titulares el día fugitivo.... el verdadero protagonista de esta novela es La Crónica del Siglo, un periódico que podría ser casi cualquiera. En el apogeo de su éxito no previsto, Pedro Sorela muestra cómo quienes lo escriben son periodistas más de carne que de hueso.

     Así Sofía, redactora jefa atrapada entre un cuerpo de fábula, su poder y el deseo de ser madre. Picasso, en el origen mismo de la leyenda de La Crónica del Siglo. Paloma, que ya conocimos en Aire de Mar en Gádor, al igual que Dimas, un periodista que intenta aplicar al periodismo secretos del teatro. O Daniel, reportero con cara todavía de estudiante, que busca en una vieja moto una noticia cierta en un Madrid disfrazado por el sol y el azul del cielo para disimular la dictadura más severa que existe: la del tiempo.

   En una época en que la información deja de ser lo que fue y busca lo que será, El sol como disfraz explica algo del por qué y cuenta el qué y el cómo. El cuándo es el periodismo de nuestro tiempo, uno de los trabajos más atractivos y crueles que existen.


Han dicho...

 

«Sorela novela con crueldad y ternura la vida de un periódico de éxito, tan real que puede ser cualquiera. Su prosa brillante y personal entra como un bisturí en el periodismo de hoy y saluda al de mañana» 

Álex Grijelmo, periodista y ensayista 


«Pasé una magnífica tarde de sábado leyendo la novela, que leí literalmente de un tirón. La alta teoría periodística del autor  está muy bien imbricada en el desarrollo del complejo  relato, donde viven claramente diferenciados personajes principales y secundarios. La riqueza del libro se presta a amplios comentarios»   

 Álvaro del Amo, escritor, cineasta y crítico de ópera


«Hace muchos años que la dictadura de los tabúes parece haber cortado las alas de los autores. En un alarde esencialmente literario tú se las has devuelto. Qué harán ellos con las alas está por verse» 

Mario Muchnik. Editor y escritor

 

«...Una prosa limpia, aguda, de un escritor que parece que habla de periodismo pero en realidad nos está revelando la mayor crisis de nuestro tiempo: la de la imaginación y la libertad mental [...] La eficacia del cuento, la verdad de quien ha ejercido el periodismo, la sugerencia de la buena ficción y la autoridad del testimonio casi autobiográfico [...] Sorela, como no he leído a nadie hacerlo hace tiempo, se aparta de su ombligo para hacer lo que hacía Balzac: representar la sociedad de una forma casi taxonómica [...] Se le nota que ha sido periodista –es casi un reportaje–, que ha hecho teatro –una estructura coral–, que dibuja –sólo alguien con los ojos muy afilados puede hacer un retrato tan eficaz–, que es un viajero –como Dimas Foz, uno de sus protagonistas–, y, sobre todo, que ha conseguido mantener los ojos jóvenes, quizá porque es profesor de una cátedra que no es tanto lección magistral –que también–, sino una invitación a mirar con ojos propios, y por eso ya es legendaria. “No hay que aprender a escribir sino a ver”, dijo Saint Exupéry, y Sorela lo ha conseguido»

Juliana González-Rivera, periodista


...Tu novela es cojonuda, me la he leído en dos sentadas en la tumbona del jardín. Me ha gustado mucho y además  disecciona con sabrosa saña (o quizá pasa a cuchillo) ese reino al que le quedan quince minutos. ¡Bravo!

Jordi Soler, escritor 

 

Has conseguido (con este libro, pero con toda tu trayectoria, evidentemente), que se te reconozca sin leer tu nombre en la portada, por lo que dices y por cómo lo dices. Supongo que eso es a lo que aspiramos todos. Y no me extraña que tenga éxito entre los estudiantes de periodismo, aunque lo que cuentas no sea precisamente como para tirar cohetes ni despertar vocaciones…  

                                                                                                                                               Martín Casariego, escritor


He disfrutado mucho leyendo 'El sol como disfraz'. Me ha costado, eso sí: muchas ventanas abiertas a la reflexión, era imposible pasar de página con fluidez. Me he quedado atrapada en muchas frases, me ha parecido todo tan nuevo y, al mismo tiempo, tan familiar que mi cerebro no paraba de intentar hacer conexiones. Es también un ejercicio completo de redacción. Ni lugares comunes ni palabras de más. Cómo engañan la precisión y la síntesis porque en esa "economía del lenguaje" se relata y sugiere más de lo que parece. Así que exige esfuerzo. También de vez en cuando tu libro nos pone frente a un espejo en el que no es fácil mirarse. Incomoda y da pellizcos. Menos mal que otras veces ofrece alas para volar un poco más alto y ser más libres en este oficio de contar.

                                                                                                                                                Silvia Melero, periodista


"... ese escenario tan vibrante que has conseguido para una novela de lo más extraña en la literatura española: la literatura sobre periodismo. Me ha gustado mucho el equilibrio entre reflexiones sobre el periodismo --y la vida-- y el fresco que trazas sobre el periodismo. No sé hasta qué punto gana aquí el recuerdo o el hábil mecanismo de la ficción, pero lo cierto es que a uno le entran ganas de haber vivido en una redacción de las que añoran tus personajes. Por momentos parece el cuaderno de bitácora que todo periodista debería escribir o, al menos leer. Es el gran fresco del periodismo español de nuestros días: sí, esa es la sensación que uno tiene al terminar de leer la novela. Lo dicho: me ha encantado".

 Jorge Eduardo Benavides, escritor

El sol como disfraz", una interesante novela de Pedro Sorela que me ha hecho reflexionar mucho sobre el periodismo, sus males, sus tópicos. Recordar mis experiencias recientes, sentirme cómplice. "Si aquello no era una guerra se le parecía: cada vez menos gente hacía más cosas. O había menos gente (...) Tenía que disimular para que no se le viera en los ojos lo extraño y ajeno que le parecía el periódico. Lo lejos que se sentía de las intrigas, que van unidas a la vida periodística como la grasa al jamón". Así lo ve Daniel, el protagonista, pero ¡cuántas veces sentí lo mismo! En fin, una novela altamente recomendable, crítica, desmitificadora, escrita por alguien que conoce a fondo las tripas de una profesión en proceso de desmantelamiento.  Emma Rodriguez, periodista en Cultura de El Mundo desde la fundacion. En Facebook
Pienso que en el enjambre que configuran los personajes es absurdo tratar de identificar a cada uno de ellos. Lo correcto es observar el enjambre o la bandada de pájaros o banco de alevines y mirar cómo se mueve, hacia dónde va o cómo se abre a la llegada de un peligro o perturbación. Así entiendo yo que resulta la lectura gratificante y el texto se hace mucho más comprensible. Con esa aproximación, el texto se hace inteligible, rico, complejo y aleccionador. Y me explico las continuas intervenciones del autor, las inserciones, las máximas acerca del trabajo y los personajes que trabajan en las redacciones de los periódicos.

 Juan Antonio Méndez, traductor


«En tiempos de twits y Huffingtons, El sol como disfraz de Pedro Sorela nos recuerda que una vez existió algo llamado periodismo»

Carlos Primo, periodista y escritor

El sol como disfraz: nunca tanta verdad junta por página cuadrada. Excelente disección de la profesión periodística de Sorela. 

 Rosana Fuentes. Periodista y profesora de Relaciones Internacionales

 

 «Sé que se lo regalaré a más de uno.  Aunque mi ejemplar es mío; en el futuro puede que necesite recordar cómo se mira con ojos jóvenes»

Ana Vázquez, periodista y música

 

«Un libro esperanzador. Medicina contra la soledad y la impotencia. Aunque también propina muchos puñetazos en el estómago(...) Cuando todo el mundo discute sobre el modelo de negocio, Sorela atina con el único que sobrevivirá y triunfará: el buen periodismo»  

Cristina Vallejo, periodista y socióloga

 

«Una gran novela, a medio camino entre la fábula y el realismo»

Juan Carlos Rodríguez, periodista y crítico

 

«He disfrutado muchísimo leyendo esta novela. Muchísimo. Lo segundo: también gracias. Porque también he pensado mucho, leyendo esta novela. Tanto como disfrutado. ¿Será lo mismo?... El latido y la enfermedad de este oficio: la lucha perdida de antemano contra el tiempo. Y un canto de amor a los rodeos, quizá único modo de contar un poco la verdad. Una novela de periodistas que es a la vez un ejercicio de periodismo... una novela que cuenta a los periodistas para contar, rodeándolo, el periodismo. Que cuenta el periodismo para contar, rodeándolo, el hoy en que vivimos. Que cuenta el hoy, quizá, para, rodeándolo, recordar que todo lo que lo aborde de frente no puede ser sino un teatro, un ponerse el sol como disfraz»

Laura Casielles, periodista, poeta y arabista

 

... Ahora estoy leyendo este "El Sol como Disfraz" y parece que he regresado a sus clases (que tanto echo de menos), y vuelvo a tener los ojos abiertos, enormes y la sonrisilla irónica a medio hacer...

                                                                                            Alma de Diego, poeta


«Leído despacio, a ritmo de violín, queriendo robar el cuaderno de notas de Daniel...»

Mayte Guerrero, periodista y editora



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En prensa


«Es estimulante y admirable la agudeza crítica de Pedro Sorela, que obliga o ayuda al lector a encarar ese mundo desde perspectivas nuevas, alumbrando tanto los brillantes logros de ese nuevo periodismo como su final, corroído por el tiempo...»

Ana Rodríguez Fischer, El País.


"La novela más férreamente centrada en la prensa que yo conozca (...) Todo este riquísimo material se conjuga en una diversificada historia cuyo primer mérito radica en la habilidad formal que le da sentido unitario. El argumento gira en torno al proposito de "Picasso", nuevo y excéntrico director del centenario La Crónica del Siglo, de lograr un periodico innovador. Los detalles del trabajo en la redacción ocupan mucho espacio y al lector curioso se le ofrece una guia de viaje por el dia a dia de la confección de la prensa; casi al punto de que un estudiante encontrará una auténtica introducción a las peculiardades de cada sección de un diario."

Santos Sanz Villanueva (El Mundo)


«La novela no debe leerse como un roman à clef, aunque también sería tonto pensar que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia»

Manuel Rodriguez Rivero. El País.

Leí  hace unos meses "El sol como disfraz", de Pedro Sorela, y me afectó tanto que tuve que dejar pasar un tiempo para hablar sobre ella

Emma  Rodriguez, en lecturassumergidas.com

 

Pedro Sorela, otro potente narrador  todoterreno, nos habla del oficio de periodista en El sol como disfraz (Alfaguara). Con una prosa certera y con una ironía no exenta de ternura, Sorela nos relata el auge y la caída de un director que llega a un periódico con la aviesa intención de ponerle unas gafas nuevas (...) Sorela sabe muy bien que, al fin y al cabo, lo que distingue a un buen escritor y a un buen periodista es la mirada.

Javier Morales. eldiario.es 


«El oficio de informar en una novela sin contemplaciones»

Tiempo.


«Una buena crónica de un estilo de vida en peligro de extinción»

Javier Márquez, Esquire.


«La alegoría de un ocaso: el de toda una cultura periodística, la de las rotativas y el papel, que parece ir perdiéndose en el horizonte» 

Javier M. Uzcátegui. La huella digital. Revista Universitaria.


«Imaginación, pasión, cotidianidad y humor»

Javier Velasco, Todo literatura.


«La dictadura del tiempo. El plan B. El periodismo como viaje. Y la vocación literaria siempre por encima de todo. Y en las redacciones, lo justo. Es peligroso»

Eduardo Laporte, El náufrago digital.


«En El sol como disfraz está, aunque casi inadvertida, la idea de que existe otro periodismo posible. Hay un aliento renacentista, de reflexión, de crisis, y hay un aliento de esperanza por un periodismo que pueda evolucionar mirando hacia atrás. Un periodismo que busque su futuro en la vieja fórmula de utilizar palabras veraces para contar historias que importan. Un periodismo que huye de las plantillas y las historias prefabricadas»

Miguel Carreira, Los lunes de El Imparcial.

«El sol como disfraz no me pareció escrita por un periodista-escritor, sino más bien por un gran lector que hubiera forjado su estilo a fuerza de adentrarse en mundos y visiones ajenas con la intención (lograda) de conseguir un refugio propio»

Marina Sanmartín, La Fallera Cósmica. Revista de Letras (La Vanguardia).


"...las verdades como puños que vive la profesión periodística y la utopía que él mismo (sus alumnos universitarios posiblemente estén de acuerdo conmigo) ha consttruido en torno a esta profesión". 

                                                                                 Ismael Arranz (Kiss FM).

Entrevistas — Radio Nacional de España 
(***A partir del minuto 17).

Yo soy mayor que mi padre

A finales del siglo XIX, mi bisabuelo Arquímedes optó por dejar a mi abuela y sus hermanos en Inglaterra, donde estudiaban, tras el asesinato en Colombia, por envenenamiento y en el curso de una de las múltiples guerrras de conservadores contra liberales, de mi tío abuelo Anibal. Este, ya ingeniero, había regresado de Cambridge, en Inglaterra, para ayudar a su padre con las haciendas de café en las que tiene su origen el dinero de mi familia materna. Y esa es la razón de que mi abuela Clementina, con quien me crié, fuese una señora básicamente inglesa -inglesa de aquellas- y que en mi familia haya una rama británica, incluido un tío abuelo médico, el tío Medardo, que me contaba historias del blitz, en Londres, durante la guerra, así como un alcalde de Bodmin, Cornwall.

Un siglo más tarde, en Bogotá, mi hermano, abogado, recibió por correo una única foto de sus tres hijos a la salida del colegio, y así supo que él y su familia se encontraban... seguían en peligro. Pese a que convalecía en la finca de un amigo, en la Sabana de Bogotá, de dos heridas de bala en el pecho, temió por la vida de sus hijos y confirmó que quienes habían atentado contra él, desde una moto y vaciándole encima un revólver en un semáforo, pensaban repetir: la foto era un mensaje mafioso inequívoco. Sacó pues del colegio a sus tres hijos, Luis, Isabel y Lucas, aún niños y, todavía con una bala en un pulmón, que nunca le pudieron extraer, emprendió el camino a un exilio, lejos, que duraría diez años. Su cuarta hija, Beatriz, nació en el extranjero y, al término de los diez años, parte de los hijos ni siquiera regresaron a Colombia, y alguno volvió a salir al poco tiempo de hacerlo. Hoy ninguno vive ya en Colombia. Se repetía así la historia de mi familia colombiana, quizá extrapolable a la de todo el país. Algunos lo llamarían maldición, otros destino. Y ello, pese a que, en mi libro, Bogotá se llame Tres de Marzo, como en otras novelas mías. No pude cambiarle el nombre, pese a las invitaciones de la editorial.

El libro conoció un éxito considerable, que todavía dura, y vista la dureza de la historia de la que parte y a su modo cuenta, no sé muy bien por qué. Lo escribí en un solo impulso en el centro de un verano (por lo general soy mucho, mucho más lento), con una única norma -ser claro- después de haber fracasado en el intento previo de escribir una novela para chicos con otro tema. "Seguro que es una buena novela", me dijo María Jesús Gil, la editora que me había animado a escribir para jóvenes- "pero no es una novela para chicos". Para que esta vez sí lo fuese, hice que la narrase el hijo mayor, de unos doce años entonces. Y aunque respeté sólo la curva de la historia, inventándome los detalles, supe que había acertado cuando mi sobrina Isabel, ya para entonces una muchacha, leyó en una sentada el cuento de su propia historia y salió de la habitación con los ojos encendidos.

Entre las manifestaciones del éxito, novedosas hasta entonces para mí, y al que es probable que ayudase la estupenda portada de Raúl, un escritor amigo, también guionista, me dijo que tenía al productor necesario y me preguntó si estaría dispuesto a permitir una película. Pues conocía mi idea de que la escritura -la escritura literaria-, es un camino paralelo al cine y rara vez coincide con él. Pero al parecer, las posibilidades de seducir al productor en cuestión pasaban por cambiar elementos esenciales de la historia y ambientarla en lugares más conocidos y con una trama más identificable. Y lo esencial no se puede cambiar, ni siquiera a cambio de una película.

Además la historia continuó fuera del libro, y años después siguió siendo igual de dramática. Mucho más. Para tranquilizarme, para consolarme, me digo que a mi hermano, que al fin de cuentas era la víctima, también le gustó en su día el libro. Y encuentro cierto sosiego con los comentarios que me hace algún que otro estudiante, en la universidad de Madrid, donde enseño, cuando reconoce en mi al autor de un libro con el que, en su día, permaneció más de una noche en vela y le dio el deseo de leer más. No hay mayor éxito que ese.

También me confirmó en la idea de que literatura y verdad están o pueden estar unidas, aunque para encontrar esa verdad haya que contar la realidad de otra forma que con un espejo, una cámara de fotos.

Con la publicación del libro en Colombia siento que cumple con su propia vida. 

Para comprar el libro...

El libro está disponible en Colombia en: 

Librerías Nacional y Panamericana, entre otras

 

En España en libro se puede comprar en:  

Amazon.es


Juvenil. Autor: Pedro Sorela SM El Barco de Vapor, 2001. - SM Colombia, 2011. Páginas: 228. Portada: Raúl.

Historia de las despedidas

Cuentos. Autor: Pedro Sorela Alianza Editorial, 2008. Páginas: 304.Portada: Alberto Senante. ISBN: 978-84-206-8833-6. 

Cuando publiqué Ladrón de árboles, mi primer libro de cuentos, alguien cercano me comentó que a su juicio todos ellos trataban de personas encontrándose y separándose después de un corto camino juntos. Y el comentario se me quedó pues ¿acaso no es esa la definición misma de un cuento? El encuentro entre un autor y un lector y su inevitable rápida despedida.

Historia, en singular, porque todo conjunto de cuentos conforma un viaje, un paisaje. Es también una novela. Y al revés.

La contraportada

¿Dónde comienzan los viajes?, se pregunta Crispín Rueda en el primer relato de esta Historia de las despedidas. Pero muy bien podría preguntarse: ¿y cómo se cuentan? Pues estos relatos no cuentan el viaje en sí mismo sino lo que inspiran, una suerte de creación surgida del escenario, experiencia literaria en la que Pedro Sorela se adentra un poco más, tras sus libros Ladrón de árboles y Cuentos invisibles. Los cuentos de Pedro Sorela podrían caracterizarse por una ausencia de fronteras.

Ya verás

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2006. Páginas: 264. ISBN: 9788420469645

Tantos, tantos viajes cruzando el Atlántico, casi todos por aire y uno por mar. Y muchas otras travesías que me contaron.

Tanto, tanto baile con chicas delgadas y ágiles que transmitían su cuerpo a través de su cintura en mi mano, hace tiempo, en Tres de Marzo. Bailes y fiestas que transcurrían al mismo tiempo que los primeros grandes libros y las grandes discusiones, las únicas que al cabo del tiempo importan.

Y tantas clases, en el campus medio salvaje de la universidad de Madrid, agradeciendo ese privilegio: enseñar a algunos jóvenes a pensar, ver, descubrir el placer misterioso de la escritura, mientras se mira por grandes ventanales cómo escuadras de pájaros hacen piruetas en silencio en el cielo gris de invierno.

De todas esas lejanías está compuesto "Ya verás": "la única promesa a la que un viajero no se puede resistir". Y no, no son tres historias distintas, como llegó a decir algún crítico, sino, con el casi olvidado deseo de construir novelas con grandes ventanales, tres momentos en la vida de una sola mujer, incluidos sus orígenes, que además es azafata y cuya vida transcurre en el aire.

Ya verás es, por supuesto, hijo de todos mis libros anteriores, pero sobre todo de Cuentos invisibles. Esto es, la intuición de que los cuentos de un mismo libro, y en particular si transcurren en lugares lejanos, conforman una sola historia. En este caso, tejida por el viaje y el movimiento de la mirada.

En este libro tuve por primera vez la sensación de que había comenzado a terminar de pagar mis deudas, y esta vez era más mío que nunca.

Dibujando la tormenta

Ensayo. Autor: Pedro Sorela Alianza Editorial, 2006. Páginas: 472. Portada: Ángel Uriarte. ISBN: 978-84-206-4559-9. 

Faulkner, Borges, Stendhal, Shakespeare, Saint-Exupéry. Inventores de la escritura moderna

Prólogo

Este libro debería pedir perdón por romper con algunas de las reglas del juego –la académica, la de la industria nacionalista, la de la correción política y otras-, pero no lo va a hacer pues, como se intenta contar, si de algo han sido víctimas los por otra parte irreductibles autores de los que aquí se habla es justo de esas etiquetas.

Su selección no responde más que al gusto personal de su autor y al único criterio de que el placer de su lectura no defrauda y por el contrario aumenta, a la par que sus enseñanzas decisivas sobre la escritura de nuestro tiempo. Y ello además de la progresiva certeza de que estas enseñanzas no serían posibles sin el conocimiento de las vidas de los autores, incluso en el caso del misterioso Shakespeare, que debemos adivinar entre líneas y legajos. Lo que sin duda discute el vasto malentendido según el cual la literatura es un asfixiante sistema ordenado en función de los más variopintos, no siempre convicentes y en ocasiones bromistas criterios, desde la patria hasta el sexo, o de que la literatura es sólo texto. Más aún, texto cuya principal razón para existir es la de ser interpretados y la interpretación es lo que importa. Como decía Borges, las “universidades crédulas” no hablan de literatura sino de historia de la literatura. A Faulkner, a su vez, no le extrañaba nada que pudiesen hacer los académicos. 

Cuentos invisibles

Cuentos. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2003. Páginas: 208. ISBN: 9788420465869

Cuentos_invisiblesCuentos invisibles porque aspiran a la literatura, que no se puede filmar. Porque tratan de viajes y el viaje es lo que sucede detrás de los ojos, no delante y, al igual que la literatura, hace posible que de nuestro mundo hagamos una creación.

Y por otras razones que han de permanecer invisibles".

La contraportada

...De una represa de aguas milenarias en la cima de los Andes a un motín de blancos en un río chino, de una persecución en Londres al renacimiento de un pobre tipo en Estambul, de una reunión de extravagantes en Helsinki a un Berlín improbable y sin embargo histórico, de un Madrid inédito a un Buenos Aires francés, estos cuentos ponen en evidencia el lado mentiroso de los pasaportes.

Con humor y un idioma afilado, estos cuentos amplían el arco de una obra definida por la originalidad de la mirada y la sugerencia inherente a su doble condición de literatura y viaje.

Trampas para estrellas

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2001. Páginas: 272. Portada: Raul. ISBN: 9788420442440

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A partir de un incidente real -cómo cuatro amigos y yo estuvimos a punto de ahogarnos en un río de los Llanos, en Colombia, cuando teníamos unos trece años-, esta novela trata de la boqueante situación de la universidad española, en la que decenas de miles de estudiantes viven una situación límite... sin que nadie se dé cuenta o al menos lo diga.

Y en efecto, sólo recibí un comentario de un colega y amigo, aunque no cuenta mucho porque pertenece a especie extinta de los que lo leen todo. Nadie más me dijo nada. Aunque quizá, lo reconozco, ese silencio pueda tener que ver con la dificultad española para moverse entre lo imaginario y lo alegórico. ¿Tan difícil era identificar las mastodónticas, catedraticias, amasadas facultades españolas en el Instituto de Alta Exploración de Madrid? Una escuela de exploradores -qué otra cosa es o debiera ser una universidad- en la que los futuros exploradores intentan conservar su curiosidad y entusiasmo en la carrera de obstáculos por enigmáticas asignaturas y pintorescos profesores.

Aunque para percibirlo ellos viajen lejos, Bela, Pablo y Santa Ya, los tres protagonistas, viven en Trampas... la época de la vida a mi modo de ver más dramática en este tiempo en Europa. Su mili: el paso del estadio ideal en la vida, el de estudiante, al de habitante de la ciudad cuadriculada.

Quizá vuelva sobre ello. Me gustaría.

57 pasos por la acera de sombra

Experimental. Autor: Pedro Sorela Editorial Prames, Zaragoza, 1998. Páginas: 239. Portada: Marisol Calés ISBN: 84-95116-03-0. 

Años de periodismo y de clases en la universidad me condujeron a la idea, que no he hecho más que reafirmar, de que o el periodismo renueva su escritura y su lenguaje, o se muere.

Siempre pensé que un buen periódico debía de tener al menos una esquina en la que se experimentara con vistas a esa renovación, y así se lo dije, hacia mil novecientos ochenta y pico, a Álex Grijelmo, entonces redactor jefe de Local en El País y ya entonces teórico reconocido del "estilo de los periodistas". Discuto con Álex sobre cuestiones de estilo desde nuestros primeros días en la profesión, y creo que es el mejor periodista que conozco.

Con la rapidez que le caracteriza, Álex me pidió una muestra y tan pronto las escribí, publicó seis, con estupendos dibujos de Raúl, también portadista de mis primeros libros. (Que fuesen dibujos y no fotos no fue una elección baladí). El resultado fue una bronca para Álex por parte de la dirección, poco dada, como todas las direcciones, a que se tomaran sin consultar iniciativas tan trascendentes. Y esta sin duda lo era, con independencia de los resultados.

Ladrón de árboles

Cuentos. Autor: Pedro Sorela Ediciones del Bronce, 1998. Páginas: 127. Colección Hispánica. Portada: Nicole Muchnik. ISBN: 84-89854-19-X. Otras ediciones: Ediciones Corunda, México, 1991 

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Aquí, en los dos cuentos de Budapest, comenzó una ruta a la que no le veré el fin.

Es necesario aclarar que en los viajes me doblo, estoy más despierto y se me afila, más, el impulso de escribir. Pero nunca llevé de viaje a mis novelas, demasiado pesadas, y siempre tomé las frecuentes notas del viajero, que llegaron a su término al comienzo de una estancia de quince días en Budapest, un otoño en los años ochenta: ya no era capaz de seguir con ellas. Tomar notas de lo que había visto ya no me satisfacía ni aunque reflexionase sobre ello -¿cuántas ideas del viajero son originales?-, o lo dibujara. Quería otra cosa.

O sea que, en un primer experimento, escribí una historia inventada... pero sobre los escenarios que iba recorriendo día a día: una suerte de ejercicio de estilo.

El primer resultado, Dos historias rebeldes, sobre alguien que busca a un amigo en el Budapest de la Transición -en todo Budapest se oían martillos tras la caída del Comunismo- es con toda probabilidad, por abstruso, el peor cuento que he escrito. Y aunque me entusiasmó, por eso mismo se cae en la nueva edición digital que se publica en esta página. Mi entusiasmo era del tipo del que puede sentir un químico frente a un microscopio o a un astrónomo mirando la noche con una lupa. Sentí que ahí había algo.

Viajes de Niebla

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 1997. Páginas: 382. Portada: Raul. ISBN: 9788420480848

Todo escritor sabe, a partir de cierto momento, con cuántas bazas seguras cuenta. Yo siempre supe que contaba con Viajes de Niebla: ahí es nada, el sueño de cualquier escritor, la narración de un mundo real, pero desaparecido. Casi un deber para cualquiera que lo haya presenciado, o al menos oído sus historias. "¡Qué barbaridad!", me dijo una vieja amiga al publicarse, "¡qué imaginación!". No le dije que me había tenido que reprimir, como todo novelista, para ser creíble.

Ahora creo que la alegría, el entusiasmo del libro, y que llega a su punto álgido con la recreación en setón del canto de los marineros a bordo del Magallanes y el concierto revolucionario de Vinkírovitz en el Real, tiene que ver con que me había mudado recientemente desde un piso oscuro a una casita llena de luz, con cuatro árboles, el techo inclinado y una chimenea...

Yo suelo escribir en un estado no del todo consciente, y sólo después, con el libro impreso, comprendí que Camila Mallarino, Diego y Niebla, el poeta Íñigo Gayán de Gádor, contaban básicamente la historia de mis padres. Lo que no dejó de perturbarme. Cómo era posible que yo dibujara a mi madre oscilando entre dos hombres. Podría no haberlo sido, pero era una mujer de un solo hombre. Hasta que comprendí que Diego y Niebla, de título revelador, eran las dos facetas de mi padre, las que yo recordaba sobre todas y que habían fascinado, y cómo no, a mi madre.

Fin del Viento

Novela. Editorial Alfaguara, 1994. Páginas: 296. Colección Hispánica. Portada: Raul. ISBN: 9788420481364

Recuerdo que Sealtiel Alatriste, el editor de Alfaguara en México, fue a buscarme al aeropuerto para llevarme al hotel Camino Real, en el D.F., que el mes anterior había alojado a la Reina de Inglaterra. Aquí hay una confusión, pensé, y le dije: "Sealtiel, el precio de este hotel no lo vas a recuperar ni con las ventas de esta novela, ni con el de todas las demás juntas".

Sealtiel se rió con el entusiasmo repleto de significados que le caracteriza.

- Es que esto no se mide así, me dijo.

Tardaría en comprender qué quería decir, entre otras cosas porque, por la más radical de mis novelas, fui entrevistado veinticinco veces en una semana, y varios periodistas no sólo se habían leído la novela -toda una novedad, para un escritor que atienda entrevistas en España-, sino que además parecían comprenderla.

Esta tercera novela, en cuya divulgación mis editores se esforzaron bastante al consolidarme como autor, fue seguramente la que secó en torno a mí el cemento de una reputación de escritor difícil que no se corresponde con la realidad. Es una novela que sin embargo gusta a los exigentes. "Puro lenguaje y ¿acaso no se trata de eso?", dice de ella un traductor francés amigo empeñado en encontrarle editor en Francia.

Leer de este libro:

  • Fin del viento. Una página.
  • Huellas del actor en peligro

    Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 1997. Páginas: 384. Colección Hispánica. ISBN: 9788420482576. Otras ediciones: Tercer Mundo, Bogotá, 1991 - Círculo de Lectores, Barcelona, 1996

    Este es el único de mis títulos que me dictó un sueño, que yo sepa, aunque lo que me dictó era rastros, Rastros del actor en peligro. Y le obedecí pese a que ya había leído el consejo de Graham Greene (que escribió un libro con ellos) de no recurrir a los sueños jamás, para hacer literatura, pues nadie los entiende y sólo interesan a los psicoanalistas.

    Yo entonces vivía del periodismo y, por mi trabajo, viajaba bastante por Europa, gracias en buena parte a la amplitud de miras de un jefe que había sido corresponsal en Moscú, y a que en España vivíamos años de esplendidez que hoy se han vuelto casi legendarios. Y escribí este libro que se desarrolla en Tres de Marzo, la capital andina en la que pretendía resumir a varias ciudades pero que en esencia es Bogotá, mientras mantenía una relación intensa con una mujer escandinava, que podía viajar con facilidad y con la que me reunía de forma regular en alguna capital europea. (Véase El irlandés que no lo era, en Ladrón de árboles). O sea que lo que recuerdo es el enorme contraste entre mi realidad cotidiana, la Europa de los años ochenta y en diálogo con una mujer nórdica -otro mundo, en efecto-, y la de la novela, cuyo protagonista es un actor perdido en un rodaje en Los Andes. 

    Aire de Mar en Gádor

    Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 1992. Páginas: 240. Colección Hispánica. Portada: Raul. ISBN: 9788420480633. Otras ediciones: Tercer Mundo, Bogotá, 1993 - Santillana/Universidad de Salamanca, 1997

    Yo no escribí esta novela: la dibujé muy lentamente con una pluma Parker 51 (la que había usado siempre hasta la fecha), y volviendo a empezar una y otra vez con cualquier tachadura. Y no tanto en busca de la pulcritud o la perfección sino para mantener la concentración mientras me llegaban las imágenes, la música, las palabras precisas o incluso la propia historia del libro, pues este, el primero después de un par de novelas de aprendizaje (inéditas, y que sigan así), fue el más inconsciente de mis libros: sólo tenía en la cabeza la curva, no los detalles. Eso es lo que recuerdo sobre todo, más incluso que el hecho de que arrojé a la basura un primer borrador, con la novela ya terminada, conservando tan solo el primer capítulo. Y en efecto, como ocurre con casi todos mis libros, y antes, con mis obras de teatro, el primer capítulo tiene una densidad distinta. 

    También recuerdo lo muy irreal y ficticia que encontraba la calle, al salir a media tarde para ir a mi trabajo en el turno de seis de la tarde a una de la mañana en la agencia de noticias Europa Press, a una manzana de mi casa. Por no hablar de lo irreal que me parecía el ambiente de la propia agencia, con las intensas intrigas de política y terrorismo de cualquier día en el Madrid de la Transición. Gádor y el piano de Mar me parecían mucho más reales durante una buena hora, así como La Crónica del Siglo, el periódico de Dimas y Paloma que nace en este libro, y que con los años, quién lo iba a decir entonces, iba a contar precisamente (en mi última novela, en prensa) la historia periodística de esos años. 

    Cambio de amigos

    Juvenil. Autor: Pedro Sorela Alfaguara Juvenil, 2005. Páginas: 144. ISBN: 9788420467382

    cambio_de_amigos

    Irse de la propia ciudad suele ser una experiencia fuerte. Y por razones que no puedo explicar aquí, debería ser obligatorio, aunque sea solo un tiempo. Seguro que se acabarían algunas guerras, que suelen ser discusiones vecinales de ombligos.

    Regresar a esa ciudad de la que se partió un día suele ser más fuerte aún. De eso trata La Odisea. Porque se haga lo que se haga, la ciudad ha cambiado. Creemos que volvemos pero en realidad seguimos yendo. Se comprende que mucha gente sea reacia a todo ese tráfico por los mares y los aeropuertos.

    Visto que yo he migrado varias veces en mi vida, y eso desde los seis meses de edad, "mi" ciudad es una compuesta por otras varias, no forzosamente cercanas y ni siquiera en el mismo idioma, y además va modificándose -quiero que se modifique- a medida que descubro otras en las que me siento cómodo. Tal vez lo que más me gusta de Madrid, donde vivo desde hace tiempo, es la facilidad con que deja que te marches (vivo a diez minutos del aeropuerto)... y la generosidad sin aspavientos con que te recibe al regreso.

    Y no, no debe de ser fácil esa generosa fluidez, a juzgar por la fuerza con que la gente se agarra a otras ciudades, que tampoco se lo ponen fácil para marcharse. Todo eso le ocurre al héroe de este libro, un muchacho que regresa de Barcelona a Madrid, su ciudad, para descubrir que esta ha cambiado. Y él también.

    Cuéntamelo de nuevo

    Juvenil. Autor: Pedro Sorela SM El Barco de Vapor, 2003. Páginas: 156. ISBN: 9788434895119

    Esta novela se desarrolla en la isla más extrema de Europa, por el lado de las Canarias, y es a la vez una isla y, claro está, una memoria, una nostalgia: La de los veranos que, padre divorciado, pasé en playas y casas de campo con mi hija Inés cuando era niña. Y la de mis propios veraneos eternos, de niño, en las costas de Cataluña y Mallorca, antes de su destrucción por la codicia, la ignorancia y el mal gusto -acaso todo ello es lo mismo- quién sabe si para siempre. Es pues una costa bellísima y áspera, una isla tranquila, como suelen serlo, pero al lado de las simas habitadas por los monstruos. 

    Y luego la novela tiene que ver con la única ideología en la que fui educado en mi vida: el odio al racismo. Y no hacía falta que nos educaran pues de alguna forma mi hermano y yo (mi hermano era mucho más político que yo) reaccionábamos contra él de una forma natural desde niños. ¿Sería genético? No sin cierta sorpresa genuina, con el tiempo me fui enterando de que desciendo de Juan del Corral, un dictador decisivo en la liberación de los esclavos en Colombia, y de que mi abuelo, explorador de Guinea y jefe de una de las últimas grandes expediciones de España en África, que bajó hasta el río Níger, dedicó buena parte de su vida y su fortuna a la creación de la Sociedad Antiesclavista Europea, con la escritura de varios libros sobre el tema y un triunfo que, sin retórica, me parece el mayor de la familia: consiguió que los países aún esclavistas -había nacido un siglo antes que yo- prohibieran los latigazos como castigo.

    El otro García Márquez. Los años difíciles

    Ensayo. Autor: Pedro Sorela Editorial Mondadori, 1988. Páginas: 304. ISBN:XXX Otras ediciones: La Oveja Negra, Bogotá, 1989

    Elegí la juventud y el periodismo de García Márquez como tesis doctoral con la idea de que eso me permitiría desentrañar sus trucos de mago. Como a toda mi generación, me tenían secuestrado.

    Creo que así lo conseguí pero sobre todo esa lectura pormenorizada de textos semi enterrados me permitió comprender y aceptar un poco más a Colombia, en uno de mis periódicos acercamientos a los que siguen decepciones y alejamientos.

    Fue también mi primera versión en serio de la Colombia real, la situada fuera de los barrios residenciales en los que, como en un gueto, había vivido siempre cuando estaba en el país: también real, pero sin duda algo limitada. Y fue una lección de política y lucidez sobre los orígenes de la Colombia de este tiempo.

    Yo vivía un mal periodo, víctima de una de las peores condenas: era esclavo en un trabajo que odiaba. Y la tesis, que escribía de día pues mi turno de galeote en una agencia de noticias empezaba a las seis y terminaba a medianoche, me servía de paliativo. Shakespeare lo dice en algún sitio: en tiempos de tristeza, acude al estudio.

    Lo otro era ver a mi hija, Inés, que mientras escribí la tesis pasó de ser un bebé inmóvil, sobre la cama frente a mi despacho, a gatear sobre ella y luego hacerme signos y guiños amistosos desde su corral. De ahí sale, supongo, la alegría y entusiasmo de la tesis, y una de sus aportaciones: subrayar la importancia del sentido del humor, el mamagallismo, y de la música y el baile, en la obra del escritor.