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Pedro Sorela

Artículos etiquetados con: Alfaguara

El heroísmo según Geling Yan

Lunes 18 Junio 2012. En Blog, Lecturas

p.S
Apunte de Geling Yan en Lushan.

La novena viuda y Las flores de la guerra. Geling Yan. Traducción de ambas, del chino, de Nuria Pitarque. Alfaguara, 2011 y 2012.

Geling Yan llegó con varios días de retraso a la Montaña de Lushan, la Montaña de los Mil Versos, donde una veintena de escritores chinos y cuatro extranjeros -un finlandés, una sueca, un croata y yo- celebrábamos el Segundo Congreso Internacional de Escritores en China, o algo así. Llevábamos varios días alojados en un pequeño hotel de lujo de los del tipo chalets-dispersos en una montaña que parecía la versión asiática de unos Alpes tiroleses, y hasta el momento los escritores nacionales y nosotros sólo habíamos intercambiado traducciones y sonrisas. Geling Yan era sin duda distinta. Para empezar, aunque ya no del todo joven, una oriental con la piel translúcida, una boca trazada con un pincel de acuarela, la mirada de tragedia y los ademanes lentos. Y luego, una elegante. En ese encuentro de escritores duros, del género esforzado, su chaqueta plateada de pasarela hacía el efecto de la hija del patrón que va a visitar a los niños de los mineros. "Una pija", confieso que pensé, la típica sacerdotisa -o profeta- de la religión de moda que no falta nunca, a modo de infiltrado, en las reuniones de escritores (hablar de congreso con escritores suena a "escritores malos"). Y además me pareció comprobar que sus compatriotas la recibían con un poco de reticencia, al igual que a la otra escritora que llegó con ella, una china-canadiense que parecía más natural, quizá por menos elegante. Bien es verdad que entre los orientales pocas afinidades sociales se dejan ver con nitidez, al menos a nuestros ojos, y mucho menos cualquier reticencia.

   O tal vez es que, ya que ellas sí hablaban inglés, y bueno, pudimos charlar en los días siguientes sin la intermediación de los esforzados traductores. Al término del primero ya no pensaba que era pija. Luego, que tenía un gran sentido del humor, entre otras cosas porque se reía con facilidad de ella misma. Después, al leer unas páginas que me pasó de un libro sobre prostitutas chinas en un burdel de San Francisco, a finales del siglo XIX, que escribía (bien) con gran eficacia. Y más tarde -pero mucho más tarde pues nada importante es inmediato entre los chinos, sean o no del interior o de la diáspora-, que tenía rango de coronel del Ejército Rojo, un ejército descomunal de más de un millón de soldados, en el "arma" de Coros y Danzas. Y después, en el curso de un banquete de despedida -docenas de platos a lo largo de horas de una cocina que desafía al lenguaje-, que cantaba ópera, ópera china, con la solvencia de una primadona de la Ópera de Pekín, algo que requiere más de una vida de preparación. Sólo después me fui enterando que sus libros han sido filmados por los mejores directores de una cinematografía que a mi juicio está hoy entre las primeras del mundo. Caray con la pija. Algún tiempo después hablamos por teléfono e hicimos por vernos en Berlín, donde vive parte de su tiempo, pero ella llegaba cuando yo ya me iba.

   Mis intuiciones se confirmaron meses más tarde, cuando leí "La novena viuda", una novela que trata de La Revolución Cultural. No lo hace de un modo directo, o al menos no se formula crítica de un modo directo, pese al ambiente de crítica abierta que existe en la China actual respecto a este periodo sin duda siniestro. Y lo que más llama la atención, una vez se han leído algunos libros, es la relativa insuficiente información sobre ese periodo en China, que tuvo unas consecuencias más trágicas de las que se suele reconocer en Occidente y figura con derecho entre los periodos lúgubres del siglo XX, jalonado por ellos. En la China de hoy circulan no pocos libros al respecto, al parecer con plena libertad, y el de Geling Yan habla de ello de un modo indirecto; bien es verdad que no hace falta ser un especialista en Asia para señalar que el modo indirecto es una de las características de la cultura china de todos los tiempos. El modo directo es una suerte de torpeza de pésima educación.

   A través de la peripecia de Wang Pao, una mujer valiente y con una suerte de honradez que no es otra que la moral natural y en particular la budista -el respeto a los mayores, por ejemplo, y casi que a cualquier forma de vida-, Geling Yan repasa un tiempo amplio de la China contemporánea, y en particular de la Revolución Cultural. Y sus opiniones no se traslucen a través de afirmación alguna del narrador, o tan siquiera de los personajes, que jamás o muy rara vez teorizan o sentencian. En una suerte de behaviorismo contemporáneo -escuela que practicaron algunos escritores de la Generación Perdida, y que se inspira en las teorías sicológicas del mismo nombre: el retrato de los personajes (o su diagnóstico) a través de su comportamiento (behaviour)-, las ideas de Geling Yan quedan explícitas simplemente a través de toda la vida de Wang Pao, siempre heroica, en particular en el día a día y no sólo en los momentos históricos, y de un modo que nunca tiene que ver con el heroísmo popular de cartón habitualmente proclamado por el maoísmo oficial.

   Algunos colores de este libro se repiten en Las flores de la guerra, inspiradora de una película tipo "gran producción" de Zhan Yimou y en la que se desarrolla el viejo tema del heroísmo entre personas que en principio están en el otro lado de la escala: en este caso un grupo de prostitutas -un poco en la línea de Boule de Suif, de Maupassant-, que coinciden con un grupo de escolares refugiadas en un convento católico en Nanking, durante la guerra contra Japón. Aquí no se ahorran colores oscuros para pintar a los japoneses, como por otra parte es habitual en China en lo que se refiere a esta guerra también terrible, pero sólo para subrayar los valores de valentía, humanidad y compasión encarnados, sobre todo -lo que no deja de ser exótico en la China de hoy- por dos sacerdotes: un europeo y un nativo.

     En ambos libros, una situación histórica límite para hacer aflorar la idea, como pensaban algunos clásicos, de que lo mejor del ser humano aflora cuando se le coloca frente al peligro, la guerra y la muerte, y la urgencia del sacrificio para ayudar al prójimo. Una épica moderna.

                                                                

El sol como disfraz

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2012. Páginas: 360. Portada: Pedro Sorela. ISBN: 9788420412771

«Uno de los enigmas del periodismo es que los periódicos salgan cada día sin rastro de tanta sangre y traición dentro de ellos: sólo reflejan las guerras de afuera y, en contra de lo que se cree, tampoco demasiado.»

Pisotones, fotos y portadas que buscan retener en titulares el día fugitivo.... el verdadero protagonista de esta novela es La Crónica del Siglo, un periódico que podría ser casi cualquiera. En el apogeo de su éxito no previsto, Pedro Sorela muestra cómo quienes lo escriben son periodistas más de carne que de hueso.

     Así Sofía, redactora jefa atrapada entre un cuerpo de fábula, su poder y el deseo de ser madre. Picasso, en el origen mismo de la leyenda de La Crónica del Siglo. Paloma, que ya conocimos en Aire de Mar en Gádor, al igual que Dimas, un periodista que intenta aplicar al periodismo secretos del teatro. O Daniel, reportero con cara todavía de estudiante, que busca en una vieja moto una noticia cierta en un Madrid disfrazado por el sol y el azul del cielo para disimular la dictadura más severa que existe: la del tiempo.

   En una época en que la información deja de ser lo que fue y busca lo que será, El sol como disfraz explica algo del por qué y cuenta el qué y el cómo. El cuándo es el periodismo de nuestro tiempo, uno de los trabajos más atractivos y crueles que existen.


Han dicho...

 

«Sorela novela con crueldad y ternura la vida de un periódico de éxito, tan real que puede ser cualquiera. Su prosa brillante y personal entra como un bisturí en el periodismo de hoy y saluda al de mañana» 

Álex Grijelmo, periodista y ensayista 


«Pasé una magnífica tarde de sábado leyendo la novela, que leí literalmente de un tirón. La alta teoría periodística del autor  está muy bien imbricada en el desarrollo del complejo  relato, donde viven claramente diferenciados personajes principales y secundarios. La riqueza del libro se presta a amplios comentarios»   

 Álvaro del Amo, escritor, cineasta y crítico de ópera


«Hace muchos años que la dictadura de los tabúes parece haber cortado las alas de los autores. En un alarde esencialmente literario tú se las has devuelto. Qué harán ellos con las alas está por verse» 

Mario Muchnik. Editor y escritor

 

«...Una prosa limpia, aguda, de un escritor que parece que habla de periodismo pero en realidad nos está revelando la mayor crisis de nuestro tiempo: la de la imaginación y la libertad mental [...] La eficacia del cuento, la verdad de quien ha ejercido el periodismo, la sugerencia de la buena ficción y la autoridad del testimonio casi autobiográfico [...] Sorela, como no he leído a nadie hacerlo hace tiempo, se aparta de su ombligo para hacer lo que hacía Balzac: representar la sociedad de una forma casi taxonómica [...] Se le nota que ha sido periodista –es casi un reportaje–, que ha hecho teatro –una estructura coral–, que dibuja –sólo alguien con los ojos muy afilados puede hacer un retrato tan eficaz–, que es un viajero –como Dimas Foz, uno de sus protagonistas–, y, sobre todo, que ha conseguido mantener los ojos jóvenes, quizá porque es profesor de una cátedra que no es tanto lección magistral –que también–, sino una invitación a mirar con ojos propios, y por eso ya es legendaria. “No hay que aprender a escribir sino a ver”, dijo Saint Exupéry, y Sorela lo ha conseguido»

Juliana González-Rivera, periodista


...Tu novela es cojonuda, me la he leído en dos sentadas en la tumbona del jardín. Me ha gustado mucho y además  disecciona con sabrosa saña (o quizá pasa a cuchillo) ese reino al que le quedan quince minutos. ¡Bravo!

Jordi Soler, escritor 

 

Has conseguido (con este libro, pero con toda tu trayectoria, evidentemente), que se te reconozca sin leer tu nombre en la portada, por lo que dices y por cómo lo dices. Supongo que eso es a lo que aspiramos todos. Y no me extraña que tenga éxito entre los estudiantes de periodismo, aunque lo que cuentas no sea precisamente como para tirar cohetes ni despertar vocaciones…  

                                                                                                                                               Martín Casariego, escritor


He disfrutado mucho leyendo 'El sol como disfraz'. Me ha costado, eso sí: muchas ventanas abiertas a la reflexión, era imposible pasar de página con fluidez. Me he quedado atrapada en muchas frases, me ha parecido todo tan nuevo y, al mismo tiempo, tan familiar que mi cerebro no paraba de intentar hacer conexiones. Es también un ejercicio completo de redacción. Ni lugares comunes ni palabras de más. Cómo engañan la precisión y la síntesis porque en esa "economía del lenguaje" se relata y sugiere más de lo que parece. Así que exige esfuerzo. También de vez en cuando tu libro nos pone frente a un espejo en el que no es fácil mirarse. Incomoda y da pellizcos. Menos mal que otras veces ofrece alas para volar un poco más alto y ser más libres en este oficio de contar.

                                                                                                                                                Silvia Melero, periodista


"... ese escenario tan vibrante que has conseguido para una novela de lo más extraña en la literatura española: la literatura sobre periodismo. Me ha gustado mucho el equilibrio entre reflexiones sobre el periodismo --y la vida-- y el fresco que trazas sobre el periodismo. No sé hasta qué punto gana aquí el recuerdo o el hábil mecanismo de la ficción, pero lo cierto es que a uno le entran ganas de haber vivido en una redacción de las que añoran tus personajes. Por momentos parece el cuaderno de bitácora que todo periodista debería escribir o, al menos leer. Es el gran fresco del periodismo español de nuestros días: sí, esa es la sensación que uno tiene al terminar de leer la novela. Lo dicho: me ha encantado".

 Jorge Eduardo Benavides, escritor

El sol como disfraz", una interesante novela de Pedro Sorela que me ha hecho reflexionar mucho sobre el periodismo, sus males, sus tópicos. Recordar mis experiencias recientes, sentirme cómplice. "Si aquello no era una guerra se le parecía: cada vez menos gente hacía más cosas. O había menos gente (...) Tenía que disimular para que no se le viera en los ojos lo extraño y ajeno que le parecía el periódico. Lo lejos que se sentía de las intrigas, que van unidas a la vida periodística como la grasa al jamón". Así lo ve Daniel, el protagonista, pero ¡cuántas veces sentí lo mismo! En fin, una novela altamente recomendable, crítica, desmitificadora, escrita por alguien que conoce a fondo las tripas de una profesión en proceso de desmantelamiento.  Emma Rodriguez, periodista en Cultura de El Mundo desde la fundacion. En Facebook
Pienso que en el enjambre que configuran los personajes es absurdo tratar de identificar a cada uno de ellos. Lo correcto es observar el enjambre o la bandada de pájaros o banco de alevines y mirar cómo se mueve, hacia dónde va o cómo se abre a la llegada de un peligro o perturbación. Así entiendo yo que resulta la lectura gratificante y el texto se hace mucho más comprensible. Con esa aproximación, el texto se hace inteligible, rico, complejo y aleccionador. Y me explico las continuas intervenciones del autor, las inserciones, las máximas acerca del trabajo y los personajes que trabajan en las redacciones de los periódicos.

 Juan Antonio Méndez, traductor


«En tiempos de twits y Huffingtons, El sol como disfraz de Pedro Sorela nos recuerda que una vez existió algo llamado periodismo»

Carlos Primo, periodista y escritor

El sol como disfraz: nunca tanta verdad junta por página cuadrada. Excelente disección de la profesión periodística de Sorela. 

 Rosana Fuentes. Periodista y profesora de Relaciones Internacionales

 

 «Sé que se lo regalaré a más de uno.  Aunque mi ejemplar es mío; en el futuro puede que necesite recordar cómo se mira con ojos jóvenes»

Ana Vázquez, periodista y música

 

«Un libro esperanzador. Medicina contra la soledad y la impotencia. Aunque también propina muchos puñetazos en el estómago(...) Cuando todo el mundo discute sobre el modelo de negocio, Sorela atina con el único que sobrevivirá y triunfará: el buen periodismo»  

Cristina Vallejo, periodista y socióloga

 

«Una gran novela, a medio camino entre la fábula y el realismo»

Juan Carlos Rodríguez, periodista y crítico

 

«He disfrutado muchísimo leyendo esta novela. Muchísimo. Lo segundo: también gracias. Porque también he pensado mucho, leyendo esta novela. Tanto como disfrutado. ¿Será lo mismo?... El latido y la enfermedad de este oficio: la lucha perdida de antemano contra el tiempo. Y un canto de amor a los rodeos, quizá único modo de contar un poco la verdad. Una novela de periodistas que es a la vez un ejercicio de periodismo... una novela que cuenta a los periodistas para contar, rodeándolo, el periodismo. Que cuenta el periodismo para contar, rodeándolo, el hoy en que vivimos. Que cuenta el hoy, quizá, para, rodeándolo, recordar que todo lo que lo aborde de frente no puede ser sino un teatro, un ponerse el sol como disfraz»

Laura Casielles, periodista, poeta y arabista

 

... Ahora estoy leyendo este "El Sol como Disfraz" y parece que he regresado a sus clases (que tanto echo de menos), y vuelvo a tener los ojos abiertos, enormes y la sonrisilla irónica a medio hacer...

                                                                                            Alma de Diego, poeta


«Leído despacio, a ritmo de violín, queriendo robar el cuaderno de notas de Daniel...»

Mayte Guerrero, periodista y editora



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En prensa


«Es estimulante y admirable la agudeza crítica de Pedro Sorela, que obliga o ayuda al lector a encarar ese mundo desde perspectivas nuevas, alumbrando tanto los brillantes logros de ese nuevo periodismo como su final, corroído por el tiempo...»

Ana Rodríguez Fischer, El País.


"La novela más férreamente centrada en la prensa que yo conozca (...) Todo este riquísimo material se conjuga en una diversificada historia cuyo primer mérito radica en la habilidad formal que le da sentido unitario. El argumento gira en torno al proposito de "Picasso", nuevo y excéntrico director del centenario La Crónica del Siglo, de lograr un periodico innovador. Los detalles del trabajo en la redacción ocupan mucho espacio y al lector curioso se le ofrece una guia de viaje por el dia a dia de la confección de la prensa; casi al punto de que un estudiante encontrará una auténtica introducción a las peculiardades de cada sección de un diario."

Santos Sanz Villanueva (El Mundo)


«La novela no debe leerse como un roman à clef, aunque también sería tonto pensar que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia»

Manuel Rodriguez Rivero. El País.

Leí  hace unos meses "El sol como disfraz", de Pedro Sorela, y me afectó tanto que tuve que dejar pasar un tiempo para hablar sobre ella

Emma  Rodriguez, en lecturassumergidas.com

 

Pedro Sorela, otro potente narrador  todoterreno, nos habla del oficio de periodista en El sol como disfraz (Alfaguara). Con una prosa certera y con una ironía no exenta de ternura, Sorela nos relata el auge y la caída de un director que llega a un periódico con la aviesa intención de ponerle unas gafas nuevas (...) Sorela sabe muy bien que, al fin y al cabo, lo que distingue a un buen escritor y a un buen periodista es la mirada.

Javier Morales. eldiario.es 


«El oficio de informar en una novela sin contemplaciones»

Tiempo.


«Una buena crónica de un estilo de vida en peligro de extinción»

Javier Márquez, Esquire.


«La alegoría de un ocaso: el de toda una cultura periodística, la de las rotativas y el papel, que parece ir perdiéndose en el horizonte» 

Javier M. Uzcátegui. La huella digital. Revista Universitaria.


«Imaginación, pasión, cotidianidad y humor»

Javier Velasco, Todo literatura.


«La dictadura del tiempo. El plan B. El periodismo como viaje. Y la vocación literaria siempre por encima de todo. Y en las redacciones, lo justo. Es peligroso»

Eduardo Laporte, El náufrago digital.


«En El sol como disfraz está, aunque casi inadvertida, la idea de que existe otro periodismo posible. Hay un aliento renacentista, de reflexión, de crisis, y hay un aliento de esperanza por un periodismo que pueda evolucionar mirando hacia atrás. Un periodismo que busque su futuro en la vieja fórmula de utilizar palabras veraces para contar historias que importan. Un periodismo que huye de las plantillas y las historias prefabricadas»

Miguel Carreira, Los lunes de El Imparcial.

«El sol como disfraz no me pareció escrita por un periodista-escritor, sino más bien por un gran lector que hubiera forjado su estilo a fuerza de adentrarse en mundos y visiones ajenas con la intención (lograda) de conseguir un refugio propio»

Marina Sanmartín, La Fallera Cósmica. Revista de Letras (La Vanguardia).


"...las verdades como puños que vive la profesión periodística y la utopía que él mismo (sus alumnos universitarios posiblemente estén de acuerdo conmigo) ha consttruido en torno a esta profesión". 

                                                                                 Ismael Arranz (Kiss FM).

Entrevistas — Radio Nacional de España 
(***A partir del minuto 17).

Ya verás

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2006. Páginas: 264. ISBN: 9788420469645

Tantos, tantos viajes cruzando el Atlántico, casi todos por aire y uno por mar. Y muchas otras travesías que me contaron.

Tanto, tanto baile con chicas delgadas y ágiles que transmitían su cuerpo a través de su cintura en mi mano, hace tiempo, en Tres de Marzo. Bailes y fiestas que transcurrían al mismo tiempo que los primeros grandes libros y las grandes discusiones, las únicas que al cabo del tiempo importan.

Y tantas clases, en el campus medio salvaje de la universidad de Madrid, agradeciendo ese privilegio: enseñar a algunos jóvenes a pensar, ver, descubrir el placer misterioso de la escritura, mientras se mira por grandes ventanales cómo escuadras de pájaros hacen piruetas en silencio en el cielo gris de invierno.

De todas esas lejanías está compuesto "Ya verás": "la única promesa a la que un viajero no se puede resistir". Y no, no son tres historias distintas, como llegó a decir algún crítico, sino, con el casi olvidado deseo de construir novelas con grandes ventanales, tres momentos en la vida de una sola mujer, incluidos sus orígenes, que además es azafata y cuya vida transcurre en el aire.

Ya verás es, por supuesto, hijo de todos mis libros anteriores, pero sobre todo de Cuentos invisibles. Esto es, la intuición de que los cuentos de un mismo libro, y en particular si transcurren en lugares lejanos, conforman una sola historia. En este caso, tejida por el viaje y el movimiento de la mirada.

En este libro tuve por primera vez la sensación de que había comenzado a terminar de pagar mis deudas, y esta vez era más mío que nunca.