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La muchacha del falso pelirrojo

Por: Pedro Sorela Domingo 22 Mayo 2011. En Blog, Fragmentos

Dibujo-Fragmento

...Apoyada con un codo en la ventana, contra el amanecer, en una postura que a Kei le pareció la de una suerte de guerrero descansando, de gran elegancia, la muchacha le escuchaba. Kei no entendía muy bien a qué se debía su propio bienestar. Es cierto que se había sentido bien en momentos puntuales desde que llegó refugiado a Madrid tras el desastre de Fukushima: -al volver a ver aire azul y respirarlo, al caminar por El Retiro una tarde de fútbol desierta sin temor a terremotos ni a que la policía le detuviese, al…-, pero nunca tan bien. Como pocas veces, incluso, antes del desastre.

Se preguntó por qué. La chica era como tantas, al menos en parte, y él seguía teniendo el poder de ver más allá de sus capas de maquillaje, de sus ideas hechas y prejuicios, y aún más lejos. Un poder que aún le sorprendía. Hubiese preferido no deberle esos ojos a una explosión nuclear, esas cosas siempre terminan por pagarse.

Podía ver, por ejemplo, que el pelirrojo de la muchacha era postizo y que debajo tenía un pelo negro extraordinario. ¿Cómo era posible que a una chica de pelo negro, negro de verdad, como el de las japonesas, se le ocurriera teñirse? Aunque esta, al menos, no había decidido atentar contra sí misma tatuándose cualquier pequeña banalidad en alguna parte del cuerpo, condenándose a no ir jamás de nuevo desnuda.

No, lo que a Keitu le hacía sentirse bien, esa mañana, un mes después del desastre, era que la chica le oía, le escuchaba con atención. No le hacía preguntas, ni opinaba. Sólo le oía…

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