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Artículos etiquetados con: Nathalie Sarraute

El silencio en una entrevista. Nathalie Sarraute

Jueves 28 Abril 2016. En Blog, Entrevistas

Nathalie Sarraute.

Diálogos/ El silencio

Lo que recuerdo sobre todo de la entrevista con Nathalie Sarraute es el silencio, ese con el que me respondió cuando le pregunté por su soledad. Quizá por eso clausura la entrevista, como un subrayado, pese a que no fue ni mucho menos su última respuesta. Algo un poco injusto porque se trataba de una mujer muy cortés, nada estirada, en apariencia escéptica sobre su propia reputación, y desde luego alérgica a llamar la atención, fingir emociones ni hacerse la interesante.

     Pero si se mira la entrevista de cerca, se verá que toda ella está envuelta y determinada por el silencio. Como quizá todas ellas, de acuerdo, pero en este caso más. A fin de cuentas la conversación se realizaba para un periódico de gran tirada, a propósito de algo tan marginal y ajeno a las grandes tiradas como el Nouveau Roman. Algo ajeno incluso a la noción misma de titular, de noticia, de cinco preguntas, en fin, sería difícil encontrar algo más ajeno al periodismo como el Nouveau Roman: el intento de una serie de escritores de la posguerra de -si se me permite la simplificación- acabar con las bases de la novela, el género burgués por excelencia, y en particular con la "trama" y el "personaje". Y entendiendo burgués -una visión esencialmente marxista, como se ve- como el régimen social del que terminaría por salir, casi ineluctablemente, la aberración fascista y con ella Auschwitz. Así que, aunque puede haber grandes diferencias entre ellos e incluso en la propia obra de un autor al comienzo y al final de su carrera, véase Marguerite Duras, en líneas generales las obras del Nouveau Roman pretenden proponer nuevas formas de contar al margen de los citados personaje y trama.

     Pero el Nouveau Roman era el eje de la entrevista y sólo podía ser ese: no había manera de eludir el tema con Nathalie Sarraute, una autora de prestigio entre gente informada y que, anciana y sobria, por alguna autoridad recóndita inspiraba no poco respeto y desde luego ni la más mínima tentación de frivolidad. Y al tiempo el Nouveau Roman no podía ser el eje porque es muy difícil comunicar ciertos conceptos en periodismo y el medio es la antítesis misma de ese concepto. Me recuerda la vez en que un amigo científico se empeñó en publicar en el periódico un artículo sobre la Teoría del Caos. "No se puede, es un concepto demasiado complejo para un periódico", me dijo amablemente Malén Ruiz de Elvira, la responsable del suplemento de Ciencia en EL PAÍS, y así lo transmití yo. Mi amigo se empeñó, escribió numerosas versiones de su caótica teoría con un empecinamiento digno de mejor causa, y al final, con tal de librarse de él, le publicaron un artículo que ríete tú de la poesía hermética. O sea que resultó verdad: no se podía.

    Ahora bien: ¿No es ese, el silencio, el escenario y protagonista de casi cualquier entrevista? Al fin y al cabo, a la postre toda entrevista es como un desesperado intento de comunicación entre dos desconocidos en un tiempo muy corto y en un escenario a menudo ajeno -un hotel, por ejemplo-, y rara vez se da ese milagro de la seducción necesaria en la entrevista de cultura (véase "seducción"). Pero con milagro o sin, toda entrevista trata de algo ajeno al periodismo, y que no siempre puede adelgazar para caber por la puerta. De hecho, salvo determinadas realidades que parecen haber sido inventadas para entrar por esa puerta más que otra cosa -el discurso político, por ejemplo-, lo demás difícilmente encaja, a no ser que se simplifique mucho en unos pocos símbolos y palabras clave: el fútbol suele hacerlo.

     O sea que esa es la realidad, el silencio que acecha a entrevistado y entrevistador, y de ahí que sean tan importantes las pausas y vacilaciones, la cadencia, el baile de la conversación que casi nunca recoge la entrevista, y que por razones que ignoro tampoco aparece, o aparece falsa, en la entrevista audiovisual.

      Y no es la entrevista en estilo directo la que puede dar ese baile, con los consabidos paréntesis que apuntan risas o toses, y que tan artificiales resultan. Una vez más es el estilo indirecto el que puede dar ese baile de los silencios, o lo que es lo mismo un narrador que ha sabido comprenderlo y lo expresa a su manera en una narración. La narración de un encuentro. 

Nathalie Sarraute, contra el tópico

Por: Pedro Sorela Martes, 11 Abril 1989 En: Entrevistas

"Es la sensación la que impone la forma". Entrevista.

© Sophie Bassouls/Sygma/Corbis

Conversar con Nathalie Sarraute, nacida en 1902, una mujer con edad suficiente para recordar una primera infancia en la Rusia de los zares, es todo un ejercicio de gimnasia mental. Obliga a revisar no sólo tópicos vulgares, sino dogmas impresos mil veces. Por ejemplo, que los escritores del Nouveau Roman forman un grupo. Quizá. Pero casi no se conocen entre ellos.

La conversación con la escritora -ojillos negros, palabra precisa y tolerante- es la negación del fatalismo de la edad, un constante reto a vencer el más sutil lugar común y el espectáculo de una anciana que mira la vida como si la hubieran inventado ayer.

Porque esa es otra entelequia: Con la Sarraute se comprende de una vez que su creación tiene poco que ver con heladas rebeliones de la pluma, y mucho con la vieja sensibilidad de la buena literatura. Define al Nouveau Roman (la Nueva novela en traducción irreconocible) lo que define a las vanguardias: la ansiedad de cambiar de piel. En los años treinta, Nathalie Sarraute no concebía que un novelista pudiera seguir apostillando con un "dijo Jean" una réplica, y en 1939, presa del eterno deseo de expresar lo que hasta el momento nadie había hecho, escribió Tropismes. En apariencia, prescindía de la trama, prescindía de los personajes, que carecían de nombre. "No podía poner nombres", dice. "Y no podía porque el nombre se colocaba entre el lector y yo, y lo distanciaba". Luego hubo una moda en que los novelistas se dedicaron a no bautizar a sus personajes. Todos eran él, ella, nosotros... como en un curso de español, primer nivel. "Una moda estúpida", dice. "Es la sensación la que impone la forma. Si el tema es insólíto, también lo será la forma".

  • Pedro Sorela

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