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Artículos etiquetados con: Hector Perea

Sombra y sol de Héctor Perea

Lunes 10 Diciembre 2007. En Conferencias

Casa de América. Madrid, 2007

Héctor Perea en Madrid, 2007. Foto: P.S 

Quizá el recuerdo más intenso que guardo de Héctor Perea es, paradójicamente, el viaje de sonámbulo en el que me llevó por Ciudad de México, en mi primera visita, y de madrugada. Terminábamos de aterrizar, en mitad de la noche, y yo padecía un ataque de sueño de niño, de los que me dan a mí, o sea que desde entonces, y de ahí la intensidad de mi recuerdo dormido, tengo la sensación de que me salvó la vida. Si me hubiese quedado dormido en algún punto entre mi aterrizaje y mi hotel, ¿habría sobrevivido? A menudo pienso que no. También le debo mi salvación al consejo de no beber agua del grifo nunca, bajo ningún concepto, y lavarme los dientes con Coca Cola si era necesario, o mejor con tequila, pero jamás acercarme al agua, ni siquiera embotellada, desconfiar de los retretes pues por ahí podían salir cocodrilos, cocodrilos mutantes por todo lo que sucede en los subterráneos de la ciudad más extraordinaria del mundo, y no respirar hondo. Era noviembre, uno de los peores meses de la contaminación marrón que a veces cubre la ciudad como si el cambio climático hubiese empezado allí, y ya hace tiempo.

Luego muchos recuerdos se confunden, en jerarquía e intensidad. ¿Quizá seguiría Lisboa? Como ocurre con la gente viajera de una edad ya provecta, como es el caso de ambos, uno siempre se termina encontrando con los amigos en alguna parte pues el número de buenas librerías, cafés silenciosos, calles extraordinarias y lugares de perdición que merezcan la pena son limitados. O sea que, cierta tarde invernal en que yo andaba por la calle O beco dos surradores, la de llovizna más invisible y dulce de todo Lisboa, entré en un viejo comercio de no sé muy bien qué, sólo sé que era un viejo comercio en Lisboa, no sé si me explico, y ahí me encontré a Héctor, por supuesto negociando con una atractiva bibliotecaria, o algo así: atractiva por una mirada inteligente escondida detrás de una gafas de concha y un jersey de cuello vuelto, disfraz de estudiosa que le daba una suerte de atractivo a juzgar por el entusiasmo de Héctor. Este no desplegaba las estrategias de un bibliófilo sino los encantos de un Casanova. Maduro. Pero Casanova. Eso no se pierde nunca.

  • Pedro Sorela

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