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Una escritura sin miedo

Por: Pedro Sorela Jueves 03 Abril 2008. En Lecturas

Traducción de Carlos Manzano. Gadir, Madrid, 2007

No se sabe pues hacia dónde camina El reloj, pero tampoco importa mucho pues el paisaje es grato y ameno, y el compañero de viaje tiene interesante la conversación. Y además, nadie pregunta todo el tiempo “¿Falta mucho? ¿Ya vamos a llegar?” Quiere decirse que los centros de interés del libro van cambiando, sin brusquedad, y a cargo de un escritor que no tiene miedo de escribir largo, demorarse en los detalles y las descripciones (precisas y sugerentes: un modelo) y hasta reflexionar entre tanto. Parece mentira pero eso hace de Carlo Levi un escritor de una época como muy lejana pese a que sólo haya pasado medio siglo desde la publicación de El reloj (1948). Y eso da una idea de todo lo que ha ocurrido en la recepción de la literatura desde entonces.

O mucho me equivoco o a un escritor así hoy lo penalizaría la industria editorial, y sólo por eso ya merece elogio la labor de la editorial Gadir, a la que debemos entre otras cosas la traducción íntegra de la obra del también italiano Dino Buzzati, el autor de El desierto de los tártaros.

El reloj comienza con la llegada del narrador a Roma, en la inmediata posguerra, para dirigir un pequeño periódico de izquierda, como así le ocurrió al escritor. No es por ello ni una novela de periodistas ni de compromiso ideológico. La ideología tiene aquí poca importancia pues la mirada compasiva sobre un mundo destruido tras una guerra no parece el patrimonio de ninguna. Lo que hace la posguerra más difícil que la guerra –dicen- es que, salvo por los muertos, las cosas están todavía menos claras. ¿Hay algo más reconocible al hombre que esa incertidumbre?

  • Pedro Sorela

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