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Artículos etiquetados con: Escritura

Comparación

Miércoles 11 Mayo 2011. Blog, Sastrería

Comparación
Los frescos del renacentista Fra Angelico 
en el monasterio de San Marcos, en Florencia, 
agrandan las celdas. Véase: Lección del ángel
Picasso sabía que cualquier hombre reconoce a otro.

Sastrería

La escala humana

El número de imágenes y de comparaciones posibles es superior, muy superior al de granos de trigo multiplicados por las casillas del ajedrez según el célebre cuento egipcio, y sin embargo tendemos a resignarnos a unas pocas: alto como un armario, ojos como carbones encendidos, etc.

De la comparación podríamos hablar sin término, pero si alguien dice que un hombre mide 1.80 de alto, por 60 de ancho y 35 de fondo, esa información nos puede servir para desenmascararle como un tecnócrata. Hay muchos, desde que Kant dijo que lo empírico y sólo lo empírico es la única medida aceptable y fue consagrado como el profeta de una nueva religión definitiva y absoluta. Desde entonces sufrimos una sobrevaloración de lo medible. De la cifra. De la estadística.

Por culpa de Kant las abuelas prefieren los ingenieros a los poetas como maridos para sus nietas, negándose a comprender que un matrimonio depende más del talento para la conversación que de la capacidad para pagar las letras de una hipoteca. El trágico resultado es que la versión más creída de la realidad es la que proporcionan autores  que esconden su falta de imaginación en la melancólica idea de que la verdad se alcanza con básculas y calculadoras.

Una posible forma de mejorar "el dato", que es tan sólo un indicio de la realidad, suele ser la comparación, y a ser posible la comparación humana: para saber cuán grande es una pirámide ponemos a su lado la figura de un hombre. Y entre pirámide y hombre se establece una relación que comprendemos de inmediato. Un fenómeno, dicho sea de paso, evocador de la metáfora, que descubre parentescos, ocultos hasta que el poeta los saca a la luz.

La escala humana, como nos enseñaron Grecia y el Renacimiento y combaten los tecnócratas sin cansarse, incluidos los totalitarismos, es la más eficaz de las comparaciones pues es la que comprende cualquier hombre, en cualquier circunstancia. Por eso es la preferida por definición en periodismo, donde las catástrofes, por ejemplo, se miden sobre todo por sus efectos sobre ellos. Es algo que también podemos ver en Shakespeare, otro renacentista, donde la mayor parte de los símiles son humanos... y nos descubren al ser humano.

"Vuestra belleza que me incitó en el sueño a emprender la destrucción del género humano con tal de poder vivir una hora en vuestro seno encantador".
(Ricardo III)

Y en Picasso, que se pudo librar a todo tipo de experimentos, en apariencia muy arriesgados... sobre todo porque había comprendido ese principio: hijo de un profesor clásico de pintura, toda su obra está constituida por variaciones sobre el cuerpo, y variaciones, si se miran con cuidado, muy respetuosas con la escala original.

Y el cuerpo humano es algo que todos reconocemos sin necesidad de haber recibido ni la primera clase de arte moderno.    

Artículos relacionados

  • Lección del ángel
  • Detalle

    Miércoles 20 Abril 2011. Blog, Sastrería

    Detalle
    ¿Mujer con una flecha o con un cordón? 
    Dibujo, puntaseca y grabado. 
    Rembrandt, Rijksmuseum, Amsterdam.

     

    Sastrería

    El detalle construye la historia

    Uno de los momentos más emocionantes del dibujo de Rembrandt es cuando una escena en principio inmóvil se convierte, en virtud de un detalle, una luz, algo en la sombra que miramos desde un poco más de cerca, en una narración. Así sucede con el conocido grabado de Mujer con una flecha¸ que para generaciones fue, en efecto, el retrato de una mujer -¿Venus?- vista de espaldas, y que sujetaba una flecha, seguramente lanzada por Cupido. Pero ojos más atentos a las sombras del grabado han determinado que lo que sujeta no es una flecha sino el cordón de las cortinas de su cama con baldaquín, y que no está sola: en la oscuridad, al fondo de la cama, la observa un hombre apenas insinuado. Dos simples detalles –o una forma de leer distinta- cambian por completo el cuadro y la historia: puede que sea Venus, pero está con Marte, su amante.

    ¿Puede algo así suceder en la escritura? No estoy muy seguro, y si sucede tal vez no sea de una forma tan decisiva. Entre otras cosas porque los ojos del lector están cambiando a toda velocidad y, como desde el tren, los detalles del paisaje se vuelven borrosos.

    P.D. El cambio de lectura es en este caso vertiginoso. Pues pasa de una lectura mítica -Cupido, Venus, una flecha...-, a una más racionalista: el cordón de la cortina en la cama de dos amantes.


    No dependerás

    Por: Pedro Sorela Miércoles 16 Marzo 2011. En Blog

    p.S.

    Escribo desde hace ya tiempo y nunca había disfrutado con tanta franqueza de lo que siento ahora delante de mi propia página -todavía en blanco- en la Red: libertad. Por primera vez en mi vida no hay nadie leyendo por encima de mi hombro y sugiriéndome qué es lo que tengo que imaginar. Cómo ha de ser escrita una novela para poder ir al cine. Cuáles son los puritanismos del día a los que someterse para seducir a más compradores de libros y que me den sustanciosos premios de aspecto sospechoso (no tengo ninguno). Qué hacer para que la burocracia universitaria acepte que mis libros son también pensamiento, y desde luego investigación en la escritura, aunque no estén escritos en el dialecto dominante. O cómo encajar en los azarosos criterios de las páginas culturales de los periódicos, que además van menguando.

    Sólo por esa sensación ya merecía la pena, y todavía la página no ha subido al cielo transparente de la red, y agradezco a la joven amiga -lo de joven es por una vez importante-, que insistió hasta persuadirme con un argumento que casi ruboriza repetir, por lo obvio: Es el nuevo lenguaje y no tiene vuelta atrás, me dijo. Y una promesa fáustica a la que difícilmente ningún escritor experimentado se podría resistir: No dependerás de nadie ni de nada. Escribirás lo que te dé la gana.

    O sea que, como en un verdadero viaje, un enamoramiento, comienzo preguntándome: ¿será… será posible? Y de momento lo es: si alguien lee estas palabras es que ha sido posible. Al menos hasta esta línea.

    • Pedro Sorela

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