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Artículos etiquetados con: Conferencias

Fronteras de Tres de Marzo (Texto patriótico)

Viernes 04 Mayo 2007. En Conferencias, Artículos

Feria del Libro de Valladolid, 2007

p.S.

Hace unos años, con motivo de la publicación de mi novela para chicos Yo soy mayor que mi padre, mi editora me pidió que cambiase el nombre de la ciudad de donde partía la acción, Tres de Marzo, por el de Bogotá, que era el que reconocerían nuestros jóvenes lectores... y era el que le correspondía en realidad, según yo mismo había terminado por ver. La ciudad de Tres de Marzo aparecía esporádicamente en cuentos y otras novelas mías (no en todas): en Huellas del actor en peligro y Viajes de Niebla, y ahora también en la última: Ya verás. Al principio pensé que la había inventado, como los escritores hacen casi siempre, para poder hablar con libertad de cualquier parte sin que le corrijan de forma constante los pequeños patriotas, los dueños del lugar: esto no es así, no es verdad que tal casa está en tal o cual esquina, las nubes de esta ciudad no van de norte a sur sino de este a oeste, no es cierto que al padre fundador de la patria le gustase el té: en realidad era un gran bebedor de café.

Y no pude. Quiero decir que no pude atender al ruego de mi editora de cambiar el nombre de Tres de Marzo por el de Bogotá. Le pedí un verano de plazo, lo intenté, me imaginé mi ciudad con otro nombre... y no pude. Y así se publicó la novela, con la acción en Tres de Marzo y tresmarinos como personajes… Y, aunque no muchos lectores protestaron por el nombre, y aparte de la lección de que hay que tener cuidado con lo que se bautiza, porque se queda, como es natural, la razón por la cual no pude realizar el sencillo cambio del nombre de Tres de Marzo por el de Bogotá no ha dejado de intrigarme.

The Carnival and the publisher. Fables in Europe

Por: Pedro Sorela Sábado 14 Abril 2007. En Conferencias, Artículos

The Idea of Europe: Continuity and Change. European Cultural Foundation Network, Finland 2007

The first scene of this theatre play takes place in the city of Barranquilla, in the Colombian Caribbean coast, last February. It is night and the streets are filled with men, women, clowns, puppets, acrobats and devils that dance giving themselves to the rhythms that have made this part of the world famous. The salsa dance finds its origins here and so does a big part of the so called "hot music” from the Caribbean: La música caliente. It is also the home land of the writer Gabriel García Márquez, who could not be understood without this music that structures and shapes his books and enhances deeply the charm of his work. 

Beyond the talent for disguise; beyond the surrealism of the official mask of that carni- val – a long and slim trunk of an elephant hanging from a human face with big ears –; beyond the beauty of the black, white and mulato bodies intertwined in sweat, move- ment and music, what is more attractive of it all – as it is frequent in the Caribbean culture – is the easefulness, the freedom with which all this barranquilleros move. The dance with which they have been raised since they were kids, of course, but, above all, the freedom with which they do it. May it be that this freedom is inherent to any kind of dancing?

Escribir hispanoamérica

Por: Pedro Sorela Martes 27 Febrero 2007. En Conferencias

Instituto Cervantes de Palermo, 2007

El primer pedazo de América que pude ver con mis propios ojos fue la luna, la luna de junio, que es viajera y más amarilla. Colgaba sobre el puerto de Barcelona y yo la estuve mirando con gran intensidad, creo que por primera vez en mi vida, en la conciencia de que, aunque aéreo y como indiferente, era el último pedazo de Europa que vería en quién sabe cuanto tiempo, y que la próxima vez que la viera llena, rebosante y amarilla de puras ganas de decir algo, sería en América. Ya sería una luna americana.

Pero no fue así. Cuando dos semanas después el Americo Vespucio, el barco italiano en el que emigrábamos se acercó a Cartagena de Indias a través del archipiélago de las Islas del Rosario, el espectáculo hizo que se agotaran, no ya los carretes de fotografía, sino las cámaras en la muy cara tienda del barco de la que hasta el momento los pasajeros habían procurado mantenerse alejados. Y puede que el espectáculo con que se hizo anunciar, lleno de morados y de nubes, fuese fantástico. Pero la luna que sucedió a ese atardecer estruendoso no era la misma.

Y no porque ya no estuviese llena o vacía, o que se le hubiese aclarado el amarillo como en un programa de lavadora equivocado: es que claramente algo le habían hecho durante la travesía del Atlántico, algo que sólo aparecía, que sólo se descubría ya en destino, en América. Si es que América era en realidad mi destino. Ese cambio de la luna me hizo dudarlo.

  • Pedro Sorela

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