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Artículos etiquetados con: Alfaguara

Viajes de Niebla

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 1997. Páginas: 382. Portada: Raul. ISBN: 9788420480848

Todo escritor sabe, a partir de cierto momento, con cuántas bazas seguras cuenta. Yo siempre supe que contaba con Viajes de Niebla: ahí es nada, el sueño de cualquier escritor, la narración de un mundo real, pero desaparecido. Casi un deber para cualquiera que lo haya presenciado, o al menos oído sus historias. "¡Qué barbaridad!", me dijo una vieja amiga al publicarse, "¡qué imaginación!". No le dije que me había tenido que reprimir, como todo novelista, para ser creíble.

Ahora creo que la alegría, el entusiasmo del libro, y que llega a su punto álgido con la recreación en setón del canto de los marineros a bordo del Magallanes y el concierto revolucionario de Vinkírovitz en el Real, tiene que ver con que me había mudado recientemente desde un piso oscuro a una casita llena de luz, con cuatro árboles, el techo inclinado y una chimenea...

Yo suelo escribir en un estado no del todo consciente, y sólo después, con el libro impreso, comprendí que Camila Mallarino, Diego y Niebla, el poeta Íñigo Gayán de Gádor, contaban básicamente la historia de mis padres. Lo que no dejó de perturbarme. Cómo era posible que yo dibujara a mi madre oscilando entre dos hombres. Podría no haberlo sido, pero era una mujer de un solo hombre. Hasta que comprendí que Diego y Niebla, de título revelador, eran las dos facetas de mi padre, las que yo recordaba sobre todas y que habían fascinado, y cómo no, a mi madre.

Fin del Viento

Novela. Editorial Alfaguara, 1994. Páginas: 296. Colección Hispánica. Portada: Raul. ISBN: 9788420481364

Recuerdo que Sealtiel Alatriste, el editor de Alfaguara en México, fue a buscarme al aeropuerto para llevarme al hotel Camino Real, en el D.F., que el mes anterior había alojado a la Reina de Inglaterra. Aquí hay una confusión, pensé, y le dije: "Sealtiel, el precio de este hotel no lo vas a recuperar ni con las ventas de esta novela, ni con el de todas las demás juntas".

Sealtiel se rió con el entusiasmo repleto de significados que le caracteriza.

- Es que esto no se mide así, me dijo.

Tardaría en comprender qué quería decir, entre otras cosas porque, por la más radical de mis novelas, fui entrevistado veinticinco veces en una semana, y varios periodistas no sólo se habían leído la novela -toda una novedad, para un escritor que atienda entrevistas en España-, sino que además parecían comprenderla.

Esta tercera novela, en cuya divulgación mis editores se esforzaron bastante al consolidarme como autor, fue seguramente la que secó en torno a mí el cemento de una reputación de escritor difícil que no se corresponde con la realidad. Es una novela que sin embargo gusta a los exigentes. "Puro lenguaje y ¿acaso no se trata de eso?", dice de ella un traductor francés amigo empeñado en encontrarle editor en Francia.

Leer de este libro:

  • Fin del viento. Una página.
  • Huellas del actor en peligro

    Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 1997. Páginas: 384. Colección Hispánica. ISBN: 9788420482576. Otras ediciones: Tercer Mundo, Bogotá, 1991 - Círculo de Lectores, Barcelona, 1996

    Este es el único de mis títulos que me dictó un sueño, que yo sepa, aunque lo que me dictó era rastros, Rastros del actor en peligro. Y le obedecí pese a que ya había leído el consejo de Graham Greene (que escribió un libro con ellos) de no recurrir a los sueños jamás, para hacer literatura, pues nadie los entiende y sólo interesan a los psicoanalistas.

    Yo entonces vivía del periodismo y, por mi trabajo, viajaba bastante por Europa, gracias en buena parte a la amplitud de miras de un jefe que había sido corresponsal en Moscú, y a que en España vivíamos años de esplendidez que hoy se han vuelto casi legendarios. Y escribí este libro que se desarrolla en Tres de Marzo, la capital andina en la que pretendía resumir a varias ciudades pero que en esencia es Bogotá, mientras mantenía una relación intensa con una mujer escandinava, que podía viajar con facilidad y con la que me reunía de forma regular en alguna capital europea. (Véase El irlandés que no lo era, en Ladrón de árboles). O sea que lo que recuerdo es el enorme contraste entre mi realidad cotidiana, la Europa de los años ochenta y en diálogo con una mujer nórdica -otro mundo, en efecto-, y la de la novela, cuyo protagonista es un actor perdido en un rodaje en Los Andes. 

    • Pedro Sorela

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