joomla template

Herramientas
Buscar
Acceder

Pedro Sorela

EBOOKS

             el sol como disfraz       dibujando la_tormenta      historia de      ya vers      portada-aire-mar-gador 

             ladron de arboles      portada-viajes-niebla grande      portada-trampas-para-estrellas grande      portada cuentos_invisibles      portada-fin-viento med  

             portada-huellas-actor-peligro med      cuentamelo      lo-que-miran-los-vagos      banderas sorela      entrevistas sorela

 

cometario_gris

Artículos etiquetados con: Alfaguara

37 escritores en una mirada

Por: Pedro Sorela Jueves 29 Mayo 2003. En Lecturas

Augusto Monterroso, Pájaros de Hispanoamérica, Alfaguara, Madrid, 2002, 238 pp.

"Debe de ser horrible ser un poeta aceptado por la sociedad", dice Monterroso en el capítulo de Pájaros de Hispanoamérica dedicado a Emilio Adolfo Westphalen (aunque no a propósito de éste), y de inmediato uno piensa en él, en Monterroso. Porque, sobre todo en sus últimos años, imagino que debía de tener verdadero aunque siempre secreto terror a las servidumbres de la fama y la simplificación, al encasillamiento en el tópico y el lugar común, que tan a menudo es el costoso precio que hay que pagar por ser "un poeta aceptado". Digo esto porque todavía no logro convencerme de que el verdadero, el gran talento de Monterroso fuese el de escribir los cuentos breves que están en la mente de todos, y que por misericordia no citaré una vez más. Aunque a juzgar por muchas de las exégesis que se han escrito sobre él, fue en ese encuentro afortunado con un dinosaurio, y que imagino como un hallazgo no por feliz menos casual en una cualquier tarde de ensoñación, cuando Monterroso se topó de bruces con la llave de oro del talento literario. Algo así como si hubiese frotado la lámpara de Aladino mientras decía un latinajo al revés.

Pero ¿por qué enfadarse y arremeter? Por una sencilla razón: Aceptados o no, los poetas mueren de tópico, enfermedad letal donde las haya, o al menos quedan disminuidos y en la sombra durante largo tiempo. Y algo me dice que, si casi ningún artista se merece un aplazamiento tan cruel (salvo los que se lo merecen porque hilando tópicos se han convertido en mediopensionistas de la gloria), menos que nadie se lo merecería Monterroso que, a mi juicio, se esforzó como pocos y hasta el último día por mantener la ética, el espíritu artista que no es otro (perdón si molesto) que el de aventurarse y descubrir. ("Si uno ya sabe lo que va a hacer, ¿para qué hacerlo?", se preguntaba Picasso.) Por supuesto no olvidaré la única bronca que me echó en su vida.

Trampas para estrellas

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2001. Páginas: 272. Portada: Raul. ISBN: 9788420442440

portada-trampas-para-estrellas_grande

A partir de un incidente real -cómo cuatro amigos y yo estuvimos a punto de ahogarnos en un río de los Llanos, en Colombia, cuando teníamos unos trece años-, esta novela trata de la boqueante situación de la universidad española, en la que decenas de miles de estudiantes viven una situación límite... sin que nadie se dé cuenta o al menos lo diga.

Y en efecto, sólo recibí un comentario de un colega y amigo, aunque no cuenta mucho porque pertenece a especie extinta de los que lo leen todo. Nadie más me dijo nada. Aunque quizá, lo reconozco, ese silencio pueda tener que ver con la dificultad española para moverse entre lo imaginario y lo alegórico. ¿Tan difícil era identificar las mastodónticas, catedraticias, amasadas facultades españolas en el Instituto de Alta Exploración de Madrid? Una escuela de exploradores -qué otra cosa es o debiera ser una universidad- en la que los futuros exploradores intentan conservar su curiosidad y entusiasmo en la carrera de obstáculos por enigmáticas asignaturas y pintorescos profesores.

Aunque para percibirlo ellos viajen lejos, Bela, Pablo y Santa Ya, los tres protagonistas, viven en Trampas... la época de la vida a mi modo de ver más dramática en este tiempo en Europa. Su mili: el paso del estadio ideal en la vida, el de estudiante, al de habitante de la ciudad cuadriculada.

Quizá vuelva sobre ello. Me gustaría.

Retrato de siglo con señora

Por: Pedro Sorela Jueves 22 Julio 1999. En Lecturas

CARLOS FUENTES. LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ. Alfaguara, Madrid, 1999 480 págs.

No es una anécdota el que, hacia el final del libro, Laura Díaz se convierta en una célebre fotógrafa de la no menos famosa agencia Magnum: todo el libro tiene vocación de foto, no sólo en su calidad de testimonio –este es quizá con La región más transparente el libro más cronista de Fuentes– como por su amplio marco. Parece claro que el autor se ha propuesto incluir en su mural a todo aquel que haya tenido que ver, incluso a distancia, en el siglo mexicano, un siglo ni sencillo ni tranquilo, y con una vocación totalizadora de historiador y también de intérprete.

Un empeño a la altura de La muerte de Artemio Cruz (1962; por cierto que Cruz reaparece aquí); Cambio de piel (1967) o CristóbalNonato (1987), por citar sólo algunos de los títulos ambiciosos de Fuentes, con una ambición al viejo estilo, una ambición que se ha vuelto infrecuente o al menos no se suele manifestar de forma tan directa. Tampoco es casual que Fuentes publique Los años con Laura Díaz cuando parece casi inminente el final del régimen instaurado bajo la Revolución mexicana, al menos bajo la forma clientelista y partitocrática que Fuentes no vacila en condenar. Ese es el verdadero aniversario del que habla, y sobre esa revolución –la esperanza que engendró, su corrupción y su relativo fracaso– se vertebra su libro. Y como no podía ser menos en Fuentes, un autor cuyo cosmopolitismo no siempre ha sido comprendido en México, cuyos escritores están, sin embargo, abiertos como pocos al exterior, el siglo mexicano, tejido sobre episodios que él vivió, como la masacre de Tlatelolco (a raíz de ella dimitió como embajador en París), le sirve para reinterpretar a modo de epitafio parte de la historia contemporánea: la revolución del automóvil, la guerra de España, el exterminio judío, el macartismo... con una visión integradora y globalizadora.

  • Pedro Sorela

    Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla