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Pedro Sorela

El sol_como_disfraz_banner«Ese joven escurrido sobre el sofá como una gabardina vieja lleva ya un buen rato sin que nadie le haga caso, pero no parece importarle. Al contrario. Sus ojos sonríen como quien al fin ha llegado a alguna parte. Y así es, ha llegado al antedespacho de Picasso en La Crónica del Siglo, y ésa es para él una conquista. Ha llegado al lugar en el que se libra la guerra de su tiempo. Más aún, donde, en el año seis desde que Picasso fue nombrado director, se va ganando.» 

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Artículos etiquetados con: Acantilado

Visión desde el fondo del mar. Rafael Argullol

Por: Pedro Sorela Jueves 02 Diciembre 2010. En Lecturas

Según por dónde se mire, este libro de 1.212 páginas es un relato de viajes, un ensayo o muchos, una biografía hecha de momentos, el catálogo de referencias de una generación –si es que Argullol se puede encuadrar en eso, que lo dudo–, un libro ómnibus con varias novelas cortas, incluidas dos de iniciación o de juventud revolucionaria, un relato del Transiberiano, un mercado de sugerencias sobre muchos sitios, inútil para los aspectos prácticos, y más cosas. Y todo ello junto. Incluye hasta un “Tratado erótico-teológico” en el que, mediante pequeños cuadros se pretende sugerir la existencia o no de Dios o al menos la fuerza de su nombre, tema que se aborda desde diversos puntos de la obra. O si se prefiere, de la vida. Porque de eso se trata. Argullol (Barcelona, 1947) ha volcado aquí buena parte de la suya. Ya casi al final, cita la insistente pregunta de sus amigos: “¿De qué va el libro?” Y dice: “Reinterpretada, la pregunta sería: ¿de qué puede ir un libro que ocupa tantas horas de su autor, sin que este esté en condiciones de dar una explicación sastifactoria en unas pocas palabras?” Luego dice –previsiblemente– que al ingeniero se la describe como la construcción de un puente y, al médico, entre otros, que trata de establecer un diagnóstico y cuando puede una terapia.

O sea que urge aclarar la, a mi juicio, inanidad o miopía de cualquier comentario parcial de la obra, la búsqueda de algún titular resultón, y hay muchos posibles. El aislamiento de uno de los muchos temas propuestos –el perdón, el secreto, el sentido de las ruinas, el Gran Silencio… cualquier enumeración aboca a la impotencia pues los 94 capítulos son otros tantos temas principales– no dejaría de ser una lectura interesada. Como si abordásemos a Montaigne o las Memorias del duque de Saint-Simon a través de uno solo de sus capítulos... 

Estados Unidos en los tiempos de Stalin

Por: Pedro Sorela Martes 22 Junio 2010. En Lecturas

Ilf & Petrov. LA AMÉRICA DE UNA PLANTA. Acantilado, Barcelona 512 pp.

Es una pena que esta edición de La América de una planta, de los escritores rusos Ilf y Petrov, no incorpore advertencias sobre qué pasajes fueron en su día censurados y cuáles no, pues ese hubiese sido uno de los principales atractivos del libro: saber qué aspectos de la vida americana de los años treinta no resultaban digeribles para la censura estalinista, en esta extensa crónica de un viaje por Estados Unidos.

Por otra parte, lejos de lo que propone Alexandra Ilf en la presentación, no es cierto que este libro «honesto e inteligente» esté escrito «sin tintes ideológicos», o que el libro, «excepcionalmente amable», resultó «no ideologizado». Sí es cierto que se trata de un libro inteligente, pero sólo con mucha ingenuidad, o con la misma superficialidad con que el prólogo alude a las peripecias de sus ediciones y la censura, puede decirse que no esté ideologizado.

Más aún, salvedad hecha de estupendos pasajes acerca de los bosques, montañas y desiertos norteamericanos, cuyas dimensiones hacen eco en ocasiones a la naturaleza rusa, o divertidos apuntes de los dos escritores ante los contrastes de la vida (norte) americana, casi nada –desde las observaciones sobre los indios abandonados de Nuevo México a la descripción en apariencia de broma del compositor ruso Rachmaninov, exiliado en Estados Unidos– está exento de un trasfondo, más aún, una intencionalidad ideológica. Por lo demás, ¿podía ser de otra manera? La América de una planta constituye el relato de casi quinientas páginas del viaje que, a lo largo de tres meses y medio de 1935, y provistos de numerosas cartas de presentación ante estadounidenses muy diversos, Ilf y Petrov hicieron de costa a costa en Estados Unidos, y vuelta.

El tesoro de sierra Madre. De B. Traven

Por: Pedro Sorela Jueves 12 Noviembre 2009. En Lecturas

Es fácil de comprobar: cuando terminamos las 343 páginas de El tesoro de Sierra Madreno sabemos casi nada de las biografías de sus tres personajes principales, pero sabemos en cambio bastante de sus (a veces oscuros) corazones. Hemos leído mucho sobre lo que puede desencadenar el oro en un ser humano, con lo que sería fácil deducir que la novela trata sobre el oro, la minería y la codicia. Lo interesante es que bastante de lo que dice no es lo obvio, que todos conocemos desde la Biblia, sino que aporta lo que no sabíamos ni estaba previsto. Y lo hace además con una estructura de pocos elementos que no deja respirar.

Resulta tentador, claro, asociar la falta de información sobre los personajes de El tesoro con la relativa a B. Traven, escritor en quien los periódicos han redescubierto un filón, pues por lo visto se anuncia el desvelamiento –¡al fin!– de su verdadera nacionalidad, en una ingenuidad conmovedora –si bien nada sorprendente en la hoy ya obscena industria identitaria–, como si la nacionalidad de un escritor quedase fijada para siempre por el sello de un consulado o la firma de un alcalde.

Pues Traven pertenecía por lo visto a ese cada vez más atractivo y utópico grupo de escritores –Salinger, Coetzee, Blanchot, Beckett…– que, unos más que otros, no consideran en modo alguno atractivo el someterse a la curiosidad pública y han llegado, como en el caso de Pynchon, a intentar borrar su rastro hasta de viejos registros de asociaciones de ex alumnos. Y las especulaciones sobre sus identidades dan lugar a libros enteros, incluso libros perversos como, en el caso de Salinger, sobre “las dificultades” puestas por el escritor para ser esculcado con una lupa. (Sobre la ética de todo ello léase por ejemplo Los papeles de Aspern, de Henry James)...

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  • Pedro Sorela

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