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Recontar lo incontable

Por: Pedro Sorela Sábado 26 Marzo 2011. En Blog

Recontar lo incontable
Sobre cómo la represión concentracionaria está construida sobre la mentira. 

El tirano en la ventana

Por: Pedro Sorela Lunes 21 Marzo 2011. En Blog

Tarde en la noche, el tirano se acerca a una de las altas ventanas de su palacio, y no porque pretenda ver algo -hace ya dos noches que no se ven más que los focos de la defensa antiaérea rayando la noche en busca de aviones enemigos-, sino porque quiere oír. El cristal le devuelve su reflejo negro y el de una lámpara sobre un escritorio del tamaño de un billar. Apenas se oye nada.

No sabe dónde poner la ira que le roe las tripas como si se hubiese tragado unos murciélagos: justo la pasión, le advirtieron los médicos, que puede enviar un comando a su cerebro o dinamitarle el corazón sin que lo puedan impedir ni las defensas antiaéreas. Mas ¿cómo evitarla? No se trata de un puñado de murciélagos -una pesadilla común a los prisioneros en las mazmorras de su propio palacio-, sino el mundo entero el que desde hace dos noches bebe y baila para celebrar su inminente funeral y el final de su imperio. Aunque no se dice, se baila también para celebrar que los jefes de los demás estados se han puesto al fin de acuerdo en algo, y porque se sabe que el botín será jugoso.

Y eso es lo que intenta oír el tirano: los aviones que han de llegar. Armados de rayos láser y bombas de calor que adivinan a las cucarachas bajo la moqueta, los aviones se han juramentado para cortocircuitar "una desfachatez de proporciones globales" cuyo relato ha llenado durante semanas los suplementos el domingo. Según la CNN, Associated Press y otros teletipos, los aviones se proponen "echar agua fría a las piscinas de insultos radiactivos que el tirano y sus hijos le han ladrado a sus súbditos durante cuatro décadas de dominio".

No dependerás

Por: Pedro Sorela Miércoles 16 Marzo 2011. En Blog

p.S.

Escribo desde hace ya tiempo y nunca había disfrutado con tanta franqueza de lo que siento ahora delante de mi propia página -todavía en blanco- en la Red: libertad. Por primera vez en mi vida no hay nadie leyendo por encima de mi hombro y sugiriéndome qué es lo que tengo que imaginar. Cómo ha de ser escrita una novela para poder ir al cine. Cuáles son los puritanismos del día a los que someterse para seducir a más compradores de libros y que me den sustanciosos premios de aspecto sospechoso (no tengo ninguno). Qué hacer para que la burocracia universitaria acepte que mis libros son también pensamiento, y desde luego investigación en la escritura, aunque no estén escritos en el dialecto dominante. O cómo encajar en los azarosos criterios de las páginas culturales de los periódicos, que además van menguando.

Sólo por esa sensación ya merecía la pena, y todavía la página no ha subido al cielo transparente de la red, y agradezco a la joven amiga -lo de joven es por una vez importante-, que insistió hasta persuadirme con un argumento que casi ruboriza repetir, por lo obvio: Es el nuevo lenguaje y no tiene vuelta atrás, me dijo. Y una promesa fáustica a la que difícilmente ningún escritor experimentado se podría resistir: No dependerás de nadie ni de nada. Escribirás lo que te dé la gana.

O sea que, como en un verdadero viaje, un enamoramiento, comienzo preguntándome: ¿será… será posible? Y de momento lo es: si alguien lee estas palabras es que ha sido posible. Al menos hasta esta línea.

El viejo placer de regalar un libro

Por: Pedro Sorela Miércoles 16 Marzo 2011. En Blog

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Para celebrar la salida de esta nueva página al nuevo mundo virtual he decidido regalar un libro, que durante un tiempo se podrá descargar tanto para tableta o e-book como en formato PDF. Y he elegido "Ladrón de árboles" porque ya es inencontrable, tanto en su edición mexicana como en la española. Eso ocurre con muchos más libros de los que la gente puede imaginar -sucede con la inmensa mayoría de las obras que se publican-, pero además yo considero a este uno de mis mejores libros, aunque a veces se haya visto ninguneado o mirado por encima del hombro por su condición de libro de cuentos. Y la gente le tiene miedo a los cuentos, he concluido, tal vez porque hay que hacer varias veces, en lugar de una sola, el esfuerzo de despegar y llegar a un nuevo país. 

Es obvio que regalar un libro tiene, para un escritor profesional, innumerables connotaciones. Pero dejaré a otros este debate, que por lo demás bate fuerte, o lo hará, entre escritores, editores, libreros y otra gente del gremio. De momento me limitaré a sentir el placer de regalar algo -un placer con frecuencia más grande que el de recibir- y algo para mí muy valioso: en esta primera edición digital de "Ladrón de árboles" sólo se ha caído "Dos historias rebeldes" que, pese a ser aquel cuento en el que encontré un camino cuyo final no pienso conocer (véase el prólogo, también nuevo), se ha convertido en un cuento más bien enigmático. Lo que los demás no son.

  • Pedro Sorela

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