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Floreros

Jueves 10 Abril 2014. En Blog

Un florero Rizhostoma Pulmo.

Me pregunto qué harían con este florero en el museo de Rufino Tamayo, en Oaxaca, México. Con qué otras plantas, floreros o cerámicas lo alinearían.

      Seguramente hay otros parecidos en el mundo pero a mí el que me impresionó fue el museo Tamayo, dedicado al arte precolombino, donde los objetos a exponer han sido seleccionados y alineados con mirada y criterio de artista y no de arqueólogo, antropólogo, ideólogo, comisario ni nada por el estilo. El resultado es que los objetos que se exhiben conforman con los otros de la misma vitrina o de la misma sala un paisaje en el que se busca la armonía, no tanto en función de pertenencia a la misma cultura, tribu, nación o periodo histórico, sino porque las curvas de todos esos objetos son compatibles, los colores no chocan entre sí y los materiales se saludan a distancia. Un poco como una pareja de baile o las frutas y cerámicas dispuestas sobre una mesa para un cuadro.

      O sea que la pregunta es dónde, qué manos podrían organizar bien la parte de arriba de este arreglo de flores blancas exóticas, con una base que parece un florero japonés de cerámica exquisita, pero en realidad es una medusa de la especie Rhizostoma pulmo que navega lentamente en el zoo de Druisburgo (Alemania). Y plantea una pregunta urgente: ¿Se pueden hacer floreros en los acuarios? ¿Se podrían organizar vitrinas con medusas y seres afines en un museo de formas como el Rufino Tamayo, de Oaxaca?

     Me gustaría preguntárselo a mi madre. Cuando yo era niño, a menudo me encontraba a mi madre y a mi abuela, al regreso del colegio, arreglando floreros para distribuirlos por toda la casa, que a veces parecía una floristería. Manías que tenían. Mi abuelo había sido médico botánico y clasificador de orquídeas, y cuando le presenté a mi madre una novia formal, lo primero que hizo fue invitarla a crear un florero. A nadie se le ocultaba que era una suerte de examen... Pues bien, me gustaría poder preguntarle a mi madre con qué armonizan los floreros de medusa.

Madrid, el mago y el aire

Jueves 03 Abril 2014. En Blog

"...noche de prodigios en la plaza del Duque de Santás".

¿Cree usted que una gran nube negra de tormenta se puede convertir en  un pañuelo? ¿Y que un edificio oscuro se puede iluminar a medianoche con grandes luces de baile de gala para dejar ver en las ventanas a un montón de conejos asomándose? No se sabe muy bien cuántos. Un montón.

      Si dice que sí, miente. Y si dice que no, no se preocupe, no es usted nada original, pertenece a la totalidad de la población madrileña, menos tres personas, que todas las noches, una y otra vez, pierde la oportunidad de asistir a una noche de prodigios en la plaza del Duque de Santás.

     Tal vez hace tiempo que no sale usted por la noche en Madrid y no sabe que, desde los tiempos en que la ciudad era con Sevilla la capital de la noche, las cosas han cambiado mucho: ya no hay zeñoritos calaveras ni serenos, ya no hay coches en triple fila delante de ciertos tablaos, muchos cines han cerrado y si otros muchos restaurantes no lo hacen es solo porque no sabrían luego muy bien a qué dedicarse. Todo eso es bien sabido. Lo que no se sabe es que, al tiempo, en la Plaza del Duque de Santás, donde estuvo durante muchos años la sede de La Crónica del Siglo, un mago callejero se dedica a hacer lo nunca conseguido sin que nadie -nadie salvo un taxista, un mendigo y un barrendero- le hayan visto. Y el taxista no cuenta porque su extremada atención a Carrusel Deportivo y a lo que han hecho o piensan hacer el Madrid o el Barça le impiden prestar atención a nada más.

      Quedan pues el barrendero y el mendigo, y no llamo a este Sin Hogar porque lo tiene: desde hace un tiempo Paco, que así se llama, se considera un hombre afortunado porque al fin ha encontrado cobijo. Y es que sobre las diez y media u once -tampoco hay una hora muy fija pues se trata de arte y el arte no admite horarios-, un mago callejero transforma el escenario de su farola, la plaza, el quiosco de música y la ciudad toda en un sitio asombroso y por lo tanto acogedor. Pues qué otra cosa puede ser el que un hombre coja la luz de una farola y se la meta en el bolsillo para quedar iluminado por dentro, o que convierta la gravilla de un parterre en bolas perfectas con las que organizar un torneo de petanca con el mendigo y el barrendero, y el perro del mendigo, Carajillo, que se prestan encantados: toda la plaza y si se quiere hasta la calle -total, no pasa nadie- para jugar con bolas situadas entre la canica y el balón de fútbol.

     Pero nadie lo ve. Es cierto que al principio barrendero y mendigo se guardaron la información, no se fuese a estropear el espectáculo -la vieja superstición burguesa de la exclusividad-, pero luego, conscientes ambos más que nadie de lo que vale la grandeza, decidieron pasarle el dato a los amigos, la familia, la novia.

      La de Paco el mendigo no quiso saber nada, entre otras cosas porque no es propiamente una novia sino una ex, y no es lo mismo. "¿No te he dicho ya que me dejes en paz?", le recordó. Aleccionado, Paco ha decidido no contárselo a nadie más pues todos le van a decir más o menos lo mismo: ¿quién va a escuchar a un mendigo que duerme entre cartones con un perro? En cuanto a Jorge, el barrendero, teme que su novia vaya a pensar que le quiere recomendar ese espectáculo callejero porque se quiere ahorrar el restaurante, y ya le está costando lo suyo retenerla pues a ella no le gusta proclamar que su novio hace lo que hace. De momento dice que "trabaja en el ayuntamiento" y teme el día que alguien lo reconozca por la calle.

     Y esa es la situación: el prodigioso mago hace cosas cada día más difíciles pero nadie las ve, salvo los conejos que se asoman al edificio iluminado -pero los conejos ni hablan ni aplauden-, y quienes sí las ven no lo pueden contar porque no les creen.

     Pero a él no parece importarle. Se ríe, y se ve que disfruta pues cada noche se va a más y crea algo nuevo. Anoche, por ejemplo, hizo que las ramas de los árboles que rodean el quiosco, ya con brotes verdes y minúsculas flores, se movieran con la brisa como si estuviesen aclamando. ¿Y qué hay de prodigioso en ello? Pues que sólo en esa plaza soplaba la brisa. En el resto de Madrid triunfaba el aire inmóvil de siempre.

Los poetas no tienen pasaporte

Jueves 27 Marzo 2014. En Blog, Entrevistas

Rosalie Thorne
Josef Brodsky y su mujer, Maria Sozzani.

Diálogos / El prejuicio

No recuerdo que nadie desmontase mis prejuicios de entrevistador con tanta rapidez como lo hizo el poeta Josef Brodsky -aquí resulta más falso de lo habitual ponerle un pasaporte al nombre, los poetas no tienen pasaporte-, y eso que no fue en una entrevista sino en una rueda de prensa, demasiado temprano para hablar de poesía y belleza, en un salón de actos oscuro que parecía el de un hospital o una Real Academia de algo. Bien es cierto que ocurrió en una rueda de prensa monopolizada por mí en  una suerte de entrevista con público, fascinado de inmediato por un magnetismo, una presencia de poeta donde las hubiera. Él era la demostración de que tal cosa existe: alguien con una moral muy afilada, más que desarrollada, y dotado de un idioma -ruso de origen y asilado en Estados Unidos, hablaba un inglés más que correcto- que de tan sincero y agudo parecía tener vida propia.

    Eso era lo desarmante: era el ser humano con menos frases hechas que he conocido. Baste un ejemplo histórico, no de la entrevista: cuando Josef Brodsky, disidente soviético, fue llevado ante un tribunal de orden público para ser sometido a un juicio por parasitismo, subversión... esas pintorescas pero dolorosas acusaciones que suelen hacerse en las  dictaduras -hay que recordar lo que era aquel ambiente neo-estalinista-, el juez burócrata de turno le dijo algo así como : "Y además, ¿por qué se llama usted poeta? En qué universidad, dónde le dieron ese título. Quién se lo dio". Y entonces, según recogieron las crónicas de la época, Brodsky contestó: "¿Dios?"

     Recuerdo que los periodistas nos queríamos comer a Brodsky como aperitivo al café del desayuno pues, de visita en Madrid por un libro y un recital, nos había mantenido a la espera de una cita hasta la medianoche del día anterior; y ello para convocarnos a una rueda de prensa al día siguiente a las nueve de la mañana, una hora que, en ese micro mundo y el Madrid de aquellos años, entraba de lleno en la provocación. Es muy probable que la responsabilidad no fuese suya sino de alguno de los organizadores de su visita, celoso de su cercanía con el "premio Nobel" -es asombroso el número de pelmazos con vocación secante que brotan en torno a las grandes figuras, y ese es el primer cinturón que tienen que superar los entrevistadores-, pero lo cierto es que la rueda de prensa comenzó, como tantas veces, con los periodistas amurallados tras  escudos de prejuicios. Que, como he dicho, cayeron con la primera pregunta.

    Y no porque Brodsky se hiciese el simpático, el colega con la prensa, como es tan frecuente con las figuras "mediáticas", sino porque hablaba, como he dicho, con una brillantez y una honestidad desarmantes. No suele ser tan fácil, y no es infrecuente que un encuentro con alguien que merece la pena se malogre porque los periodistas no son capaces de dejar a un lado, no su curiosidad, sino las ideas hechas que sólo han ido a confirmar. Si alguien quiere una prueba del lenguaje de Brodsky, no lo remitiré a su poesía, de siempre difícil traducción, sino a su perturbador ensayo (¡!) Una habitación y media, perteneciente a Menos que uno (Versal; sería tiempo de reeditarlo).

     He recordado el encuentro con Brodsky en parte también por el aire de grandeza y rememoración histórica de estos días en España. Y es que su visita de 1988 se produjo en un fervoroso ambiente en apariencia cultural que hoy, en el recuerdo, parece de ciencia ficción. Son pocos los poetas y artistas de esa talla que nos visitan, a diferencia de lo que sucedía entonces, y no creo que se deba a que hace demasiado tiempo que cayó la Unión Soviética y los disidentes de la época ya están jubilados. Es verdad que ya no hay instituciones que los inviten a declamar en recitales públicos pues las entidades como el Consejo de Investigaciones Científicas, que invitó a Brodsky, están demasiado ocupadas en intentar sobrevivir al poder tecnócrata de los científicos y al dinero menguante, pero no basta como explicación. No creo errar mucho al intuir que se trata de una suerte de apagón cultural cuyos pasos no coinciden con los de la crisis económica, y que tardaremos en recuperar el entusiasmo de aquellos años por la gran cultura o al menos algunos de sus destellos.

Hipopótamos y caligrafía

Miércoles 19 Marzo 2014. En Blog

"¿Nativos qué?, preguntó la jirafa, que desde tan alto oía mal.

En la primera reunión del curso, Don Hipo, el hipopótamo director del colegio anunció que a partir de ese año no se enseñaría a escribir a los alumnos. No se les enseñaría ya más Caligrafía.

    -Es inútil, explicó. Estos chicos son nativos digitales y jamás van a tener que usar las plumas.

    - ¿Nativos qué?, le preguntó al chimpancé la jirafa, que al escuchar desde tan alto oía mal.

   - Nativos digitales, explicó con paciencia el chimpancé, profesor de Matemáticas. Significa que ya nacen sabiendo cómo funciona el IPhone y el WhatsApp. Lo traen puesto.

    -Es que no se trata de usar o no las plumas, dijo la gallina, profesora de Lengua y ella misma nativo contradictoria. "De hecho, la Animalidad ha corrido como un leopardo desde que no usamos plumas para escribir". Aquí la gallina hizo una pausa dramática: "Pero hay que ser muy cenutrio para creer que se puede prescindir del aprendizaje de la caligrafía: es lo que nos enseña elegancia, armonía, cadencia, actitud".

     - Ya está, pensó en su esquina el león, profesor de Filosofía. "Ya la tenemos armada. De esta discusión no salimos en todo el año".

     Y así es. Para algo le debería servir a León enseñar Filosofía. Esta asignatura fue abolida, esta vez por el Gobierno, pero le permiten seguir dándola porque los demás profesores quieren saber sus profecías, que es en lo que León ha convertido el amor por la verdad. Y en su caso no suele fallarlas. León es algo así como el Echador de Cartas del Claustro, y los profesores del colegio Elefante García Lorca quieren seguir sabiendo lo que tiene que decir sobre si van a ser felices, encontrar pareja, si les van a subir el sueldo después de tenerlo tres años congelado... esas cosas típicas que preocupan a los profesores.

     Una vez más León acierta con su clarividencia: el Claustro se divide entre los que le hacen la pelota a Don Hipo y están a favor de suprimir las clases de caligrafía, y los que no. Con la peculiaridad de que esta vez los que no, que suelen terminar plegándose al poder, hacen del asunto un casus belli.

    - ¿Un qué?, pregunta la Jirafa, que además de algo sorda es nula en idiomas y no sabe latín.

     - Un asunto de principio y que no se puede ceder y si cedes te conviertes en un reptil, explica muy serio Chimpancé. Él se ha alineado con la gallina por una razón muy sencilla: las matemáticas, incluso la más humilde de las aritméticas, tienen mucho que ver con la escritura y la caligrafía. Se comienza suprimiendo la a, o la b, y lo siguiente que te cargas es el álgebra y las ecuaciones de segundo grado. Y Chimpancé piensa que la filosofía es prescindible pero si intentásemos hacerlo con el álgebra no podríamos ni poner en marcha un micro ondas.

    El debate no pasaría de ser una de las muchas discusiones ociosas que se dan entre los profesores para matar el tedio de los claustros pero es que esta vez, entre los alumnos más pequeños, esos que van al colegio a jugar con plastilina y preparar regalos para el día de la Madre, ha llegado una pequeña eriza que es un verdadero prodigio. Minúscula y sensible, y con una capa de púas suaves que todavía parecen un plumero, o una brocha de afeitar para ricos, sin que nadie se lo haya enseñado es capaz de hacer unas aes como ya quisiera la señorita Gaviota, la profesora de dibujo, por no hablar de las efes, las zetas, y en general todas las letras con cola, o rabo, o algo elegante. Como las Ges. Las ges de la joven eriza provocan la admiración de todo el mundo, y sobre todo de la señorita Gaviota, que no sin algo de celos al principio ha sabido reaccionar con generosidad pedagógica y reconocido el talento natural de la pequeña Eriza.

     - ¿Vamos a dejar escapar a esa pequeña Miguel Ángel?, pregunta en los debates en el claustro de profesores, que ahora, calentados por la discusión, ya son todos los días. "¿No nos damos cuenta de que se puede empezar como Miguel Ángel y terminar como Cervantes? ¿No hemos aprendido de los chinos que caligrafía, pintura y poesía son lo mismo? ¿Asumirá usted esa responsabilidad, don Hipo, sólo por un antojo pedagógico que vete a saber de que Gurú de Universidad de la Costa Oeste se ha sacado?".

    Y esa última alusión es su error. Porque Hipopótamo, que por una vez estaba a punto de tirar la toalla y volver a la vieja y acreditada Caligrafía, no soporta que toquen a su Gurú, se pica con esa alusión a las influencias perniciosas que ha permitido le contaminen en vete a ser qué Congreso Internacional para la Evolución de Occidente, y siente que no puede ceder.

     Y en esas estamos en el Colegio Elefante García Lorca, de enseñanza general. En si Caligrafía o no.

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  • Pedro Sorela

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